El reto de las cooperativas pasa por competir sin perder sus principios

Las cooperativas y entidades de la economía social afrontan un doble desafío: mantenerse viables en mercados cada vez más competitivos sin renunciar a los principios que dieron origen a este modelo empresarial. Para hacerlo necesitan reforzar la formación de sus órganos de gobierno, mejorar su capacidad para comunicar el impacto que generan y buscar nuevas vías de financiación.

Carmen Rodríguez, doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Sevilla.

Ese es uno de los planteamientos del curso Gestión de la gobernanza de cooperativas, con el que la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) cierra su programación de Cursos de Verano. Su directora, Carmen Rodríguez, doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Sevilla y profesora del Departamento de Economía Aplicada II de la US, considera que el sector necesita una capacitación permanente para afrontar un escenario marcado por cambios económicos y sociales.

«Vivimos tiempos muy convulsos y nos enfrentamos a muchas necesidades por cubrir relacionadas con la energía, la inteligencia artificial, los cuidados o la vivienda», señala Rodríguez. En este contexto, advierte de uno de los riesgos que considera más importantes para las cooperativas: «creer que ya venimos con los deberes hechos en relación al espíritu cooperativo».

Competir sin renunciar al espíritu cooperativo

Uno de los principales retos para los consejos rectores consiste en mantener los valores propios de las cooperativas dentro de mercados sometidos a una fuerte competencia.

«Es difícil porque en el entorno real se produce una especie de competencia desleal. ¿Cómo hacerlo compatible? A base de mucha pedagogía y de mucha lucha por los principios que vieron nacer a la cooperativa», subraya Rodríguez.

La formación pretende precisamente proporcionar herramientas para que quienes participan en la gestión de estas entidades puedan tomar decisiones sin perder de vista su carácter colectivo. El curso aborda cuestiones relacionadas con el liderazgo, la resolución de conflictos y la inteligencia colectiva, entendida como la capacidad de aprovechar el conocimiento y la participación de las personas que forman parte de una organización.

La actualización de los conocimientos de los órganos de gobierno resulta especialmente relevante en un contexto en el que las cooperativas deben responder a problemas nuevos sin abandonar su identidad.

Comunicar el impacto social de las cooperativas

Otro de los problemas que identifica Rodríguez está relacionado con la comunicación. Las entidades de la economía social generan un impacto que va más allá de sus resultados económicos, pero trasladar ese valor a la sociedad sigue siendo una asignatura pendiente.

«A las entidades de la economía social les cuesta mucho trabajo comunicar lo que hacen y el retorno social presente en su actividad», explica la directora del curso.

Por ello, la formación también presta atención a la medición del impacto social. El objetivo es que las organizaciones puedan identificar y explicar de manera más clara qué efectos tienen sus actividades sobre las comunidades en las que trabajan.

Esta capacidad de comunicar su aportación puede resultar determinante para que el modelo cooperativo sea mejor conocido por la ciudadanía y para mostrar que existen fórmulas empresariales diferentes de las basadas exclusivamente en la obtención de beneficios.

La financiación, otro de los grandes desafíos

El acceso a la financiación constituye otro de los bloques abordados durante el curso. Las dificultades que tradicionalmente encuentran las empresas de la economía social para acceder al crédito hacen necesario explorar otras fórmulas.

En este ámbito, la formación introduce alternativas vinculadas a las finanzas éticas y la inclusión financiera, dos herramientas que pueden ampliar las posibilidades de financiación de estas organizaciones y reforzar su capacidad para desarrollar nuevos proyectos.

El objetivo es proporcionar a los responsables de las cooperativas recursos que puedan utilizar en un contexto económico en el que financiar el crecimiento y mantener la actividad resulta cada vez más complejo.

Del aula a cooperativas reales

El curso de la UNIA combina los contenidos teóricos con el análisis de experiencias reales de economía social en Andalucía. Los participantes conocen tres casos prácticos que permiten observar cómo se aplican sobre el terreno diferentes modelos de gestión cooperativa.

Uno de ellos está relacionado con la gestión cooperativa de los cuidados. Para conocer esta experiencia directamente, el alumnado se desplaza hasta Castilblanco de los Arroyos, donde puede acercarse al funcionamiento cotidiano de este tipo de iniciativas.

El programa aborda también experiencias relacionadas con la soberanía energética, a través del proyecto Alumbra, y otras iniciativas innovadoras vinculadas a la educación ambiental.

La combinación de formación y casos prácticos busca que los participantes puedan trasladar los conocimientos adquiridos a problemas concretos de gestión y gobernanza.

“Hay otras formas de emprender”

Para Carmen Rodríguez, uno de los grandes retos del cooperativismo andaluz consiste precisamente en conseguir que la ciudadanía conozca mejor su modelo organizativo y empresarial.

«Tenemos que comunicar a la sociedad que hay otras formas de emprender que no tienen que ver sólo con el ánimo de lucro, demostrando que otras formas de emprendimiento, como el colectivo, son posibles», concluye.

La formación que plantea la UNIA parte así de una cuestión que va más allá de la gestión interna de las cooperativas: cómo demostrar que es posible competir en el mercado manteniendo un modelo empresarial basado en la participación, la colaboración y el impacto social.