El entorno influye en que los adolescentes vayan andando o en bicicleta al instituto

¿Influye el entorno que rodea a un centro educativo en la decisión de los adolescentes de acudir andando o en bicicleta? Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Almería y la Universidad de Granada confirma que sí. El estudio pone de manifiesto que la adopción de hábitos de movilidad activa durante la adolescencia no depende de un único factor, sino de la interacción de diferentes características del entorno urbano.

La investigación, que analizó la conducta de más de 300 adolescentes españoles, permitió identificar distintos perfiles de entornos escolares al integrar las características generales del barrio, como la conectividad vial o la caminabilidad, con elementos específicos de los recorridos diarios, entre ellos la seguridad de los pasos de peatones o el estado de las aceras.

Los resultados muestran que la combinación de las condiciones del barrio y de las calles próximas al centro educativo puede favorecer los desplazamientos activos, es decir, aquellos que se realizan caminando o en bicicleta.

Un entorno urbano seguro favorece que los adolescentes caminen o usen la bicicleta

Hasta ahora, buena parte de las investigaciones sobre movilidad escolar habían evaluado de manera aislada variables concretas, como la existencia de carriles bici, la presencia de aceras o la distancia exacta hasta el colegio.

Sin embargo, en los desplazamientos cotidianos estos elementos no funcionan de forma independiente. La investigación de las universidades de Almería y Granada parte precisamente de esta premisa: las características del entorno urbano interactúan entre sí y pueden condicionar la forma en que los adolescentes se desplazan hasta su centro educativo.

A partir de este planteamiento, los autores analizaron si la combinación de las características del barrio y de las condiciones de las calles cercanas influía en la elección del medio de transporte, en la motivación intrínseca de los estudiantes y en las barreras que perciben durante sus desplazamientos diarios.

El estudio muestra que ningún elemento urbano es suficiente por sí solo. Por el contrario, es la combinación de un barrio con alta caminabilidad y un entorno inmediato seguro y accesible la que incrementa la motivación de los adolescentes, reduce la percepción de obstáculos y eleva sustancialmente la probabilidad de que opten por desplazarse caminando o en bicicleta.

La movilidad activa depende de varios factores urbanos

Los resultados ponen de relieve que promover que los adolescentes caminen o utilicen la bicicleta para acudir al centro educativo requiere tener en cuenta el conjunto del recorrido.

Una acera en buen estado, por ejemplo, puede resultar insuficiente si el trayecto incluye cruces considerados inseguros. Del mismo modo, disponer de un carril bici no garantiza por sí mismo que los estudiantes opten por la bicicleta si el resto del entorno no resulta accesible o seguro.

La investigación plantea así una visión integral de la movilidad activa en adolescentes, en la que factores como la conectividad de las calles, la facilidad para caminar, la seguridad de los pasos de peatones, el estado de las aceras y las características de los recorridos escolares forman parte de un mismo sistema.

Esta perspectiva permite entender por qué determinadas intervenciones urbanas pueden tener un efecto limitado cuando se aplican de manera aislada y por qué resulta necesario actuar sobre diferentes elementos del entorno escolar de forma coordinada.

Más actividad física y menos dependencia del coche

Los hallazgos pueden ser especialmente relevantes para el diseño de políticas de movilidad escolar y planificación urbana. Según las conclusiones del estudio, fomentar los desplazamientos activos requiere ir más allá de las campañas de sensibilización y crear entornos urbanos que sean realmente seguros y estén adaptados a las necesidades de niños y adolescentes.

Esta evidencia puede ayudar a ayuntamientos, administraciones públicas y responsables educativos a planificar actuaciones destinadas a mejorar los desplazamientos hacia los centros escolares.

A corto plazo, las conclusiones facilitan la puesta en marcha de medidas concretas para mejorar la movilidad escolar y las condiciones de los recorridos. A medio plazo, el fomento de los desplazamientos a pie y en bicicleta puede contribuir a incrementar la actividad física diaria, reducir el uso del vehículo privado y mejorar la salud pública.

Además, favorecer una movilidad escolar más activa puede contribuir al desarrollo de ciudades más sostenibles, seguras y habitables, especialmente en los entornos próximos a los centros educativos.

En este sentido, el estudio de las universidades de Almería y Granada apunta a que facilitar que los adolescentes caminen o utilicen la bicicleta no depende únicamente de convencerlos de cambiar sus hábitos: también requiere diseñar ciudades y entornos escolares que hagan posible y atractivo ese cambio.