Medio Ambiente

El 86% de las semillas de plantas son dispersadas por aves que migran hacia áreas cálidas

El trabajo, liderado por la Universidad de Cádiz, ha sido publicado en la revista ‘Nature’ y ha contado con la participación de científicos de 13 centros de investigación. En el mismo se alerta del peligro que supone para numerosas especies vegetales el Cambio Climático

Zorzal común (Turdus philomelos) comiendo frutos de acebo (Ilex aquifolium). El largo periodo de fructificación del acebo, entre otoño y finales de invierno, coincide con la migración al norte de los zorzales, cuando tienen el potencial de dispersar semillas a larga distancia hacia latitudes más frías (foto: David Chapman).

Investigadores de la Universidad de Cádiz, pertenecientes al departamento de Biología, han liderado un trabajo de investigación, publicado en la prestigiosa revista Nature,que revela que la gran mayoría de los árboles y arbustos europeos son dispersados por aves que migran a latitudes más cálidas en el sur, mientras que sólo una minoría son dispersados por aves que migran al norte, hacia latitudes más frías.

En concreto, este estudio muestra que sólo un tercio (35%) de las plantas son distribuidas por aves que migran hacia el norte en primavera. Por el contrario, la gran mayoría (86%) de las plantas son esparcidas por aves cuando migran hacia áreas más cálidas en otoño. El estudio se ha llevado a cabo en áreas forestales localizadas en Portugal, España, Reino Unido, Alemania, Italia y Polonia, incluyendo un total de 46 especies de aves y 81 de plantas.

Debido al calentamiento global, se está produciendo un desplazamiento de los óptimos climáticos de muchas especies hacia latitudes más frías, forzando así la redistribución de la vida en la Tierra. La movilidad permite a los animales desplazarse hacia nuevas áreas con climas apropiados. Sin embargo, las especies vegetales no están provistas de esta capacidad, de modo que, para ellas, la dispersión de semillas a larga distancia es clave en procesos de cambio de distribución y adaptación.

Así, este trabajo, en el que han participado 18 investigadores pertenecientes a 13 centros de investigación europeos, ha concluido que la mayoría de especies vegetales de Europa que se dispersan por aves migratorias lo hace principalmente cuando los pájaros migran hacia latitudes más cálidas en el sur, lo que es contraproducente para adaptarse a los escenarios actuales de cambio climático.

Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) comiendo frutos de cornejo (Cornus sanguinea). El cornejo tiene un periodo de fructificación corto en otoño, cuando las capirotadas migran al sur y, por tanto, tienen el potencial de dispersar semillas a larga distancia hacia latitudes más cálidas (foto: Luis Ojembarrena).

De hecho, “el cambio climático actual es tan rápido que muchas plantas requieren distancias de dispersión mucho más allá de las que normalmente se producen a escala local. Ahí, es donde las aves migratorias pueden jugar un papel determinante, ya que son capaces de distribuir semillas a decenas de kilómetros. Esta investigación la planteamos para conocer el potencial de las especies vegetales para ser dispersadas por aves migratorias hacia futuras áreas favorables”, como explica Juan Pedro González-Varo, investigador de la Universidad de Cádiz y autor que ha liderado este estudio.

La investigación se ha basado en redes de interacción planta-ave, es decir, comunidades de aves que consumen los frutos y dispersan las semillas de comunidades de plantas. Los científicos han incorporado a estas redes información sobre el periodo de fructificación de las plantas y los flujos migratorios de las aves, con el fin de caracterizar el potencial de diseminación de semillas a larga distancia, tanto hacia el norte como hacia el sur. 

Además de ello, hay que tener en cuenta que“un pájaro que ingiere un fruto mientras se encuentra en migración tiene el potencial de dispersar sus semillas a larga distancia, confiriéndole la posibilidad de colonizar nuevos territorios. Pero si esas semillas viajan hacia el sur, están yendo en la dirección equivocada en términos de adaptación al cambio climático”, en palabras de Beatriz Rumeu, segunda autora del estudio y también investigadora en la UCA.

Asimismo, se debe indicar que las especies de plantas con mayor potencial de dispersión hacia latitudes más frías pertenecen a especies emparentadas que se caracterizan por madurar sus frutos cuando las aves están migrando hacia el norte en primavera. Según explica González-Varo, “para que una especie de planta sea dispersada por aves que migran al norte, tiene que tener frutos maduros entre febrero y abril. Las plantas con frutos en este periodo se caracterizan bien por tener una fructificación muy larga, como ocurre en enebros, lentiscos, mirtos, acebuches o acebos, o bien por tener una fructificación muy tardía, como ocurre en las hiedras”.

Las aves que invernan en el sur de Europa son la clave

Juvenil de mirlo (Turdus merula) comiendo frutos de aladierno (Rhamnus alaternus). Las aves en periodos de cría o de no migración, así como las aves residentes, suelen dispersar semillas a distancias cortas (generalmente a menos de 1 km) que resultan insuficientes para que las plantas afronten un cambio climático cada vez más rápido (foto: Juan P. González Varo).

Aunque todas las aves migratorias de Europa migran en la misma dirección (de sur a norte en primavera y de norte a sur en otoño), este estudio ha demostrado que las aves con mayor potencial para dispersar plantas europeas hacia latitudes más frías son especies paleárticas, es decir, que no cruzan el Sahara durante su migración, sino que invernan en el centro y sur de Europa o en el norte de África. Estas especies son, en general, muy comunes y abundantes en el continente europeo, como los petirrojos, las currucas capirotadas, los mirlos, y varias especies de zorzales. “Aunque se trata de especies comunes, el potencial de dispersión de semillas al norte recae en solo un puñado de especies, algunas de ellas muy cazadas en la Cuenca Mediterránea, tanto legal como ilegalmente. Creemos que nuestro estudio da valor añadido a especies consideradas vulgares, ya que sobre ellas recaería el peso de ayudar a las comunidades vegetales europeas ante el cambio climático”, como comenta González-Varo.

Esta dispersión hacia nuevas áreas tendrá consecuencias para la composición de los bosques del futuro, ya que las diferentes especies podrían no colonizar por igual nuevos territorios que les permitan afrontar el aumento de las temperaturas, y es que “las especies de plantas con mayor potencial de dispersarse hacia el norte son pocas y además pertenecen a unos linajes evolutivos concretos”, como señala Rumeu. Por lo tanto, esta investigación es clave para comprender, detener y mitigar las pérdidas futuras de biodiversidad debidas al cambio climático.

Este trabajo podrá verse complementado en el futuro con otros estudios que permitan analizar el alcance real de estos eventos de dispersión de semillas a larga distancia. A este respecto, desde el grupo de investigación de la UCA se insiste en que “ya estamos equipando con emisores GPS de última generación a aves migratorias para entender cómo migran a una resolución espacio-temporal detallada. Esto nos va a permitir estimar la dispersión de semillas por aves migratorias a una escala continental”.

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