Drama ecológico en las cumbres más altas: se aceleran las extinciones de plantas de alta montañas europeas

El cambio climático azota con severidad a las plantas de las cumbres más elevadas. Así lo pone de manifiesto un estudio internacional que alerta del aumento de extinciones de especies de flora que habitan en la cima de las montañas europeas.

Arenaria nevadensis,
especie endémica de Sierra Nevada y una de las más amenazadas debido al cambio climático.

El estudio se ha llevado a cabo en 62 cumbres europeas, entre ellas Sierra Nevada, en cuatro ocasiones entre 2001 y 2022, en el marco de la iniciativa de seguimiento global GLORIA. Ha sido realizado por un equipo internacional, en el que ha participado la Universidad de Granada.

La paradoja de las plantas en las montañas europeas

Publicada en Science, esta investigación pone de relieve una compleja paradoja. El cambio climático ha facilitado una colonización de flora en las cumbres más elevadas, sin embargo, a medida de que las condiciones se hacían más favorables para la llegada de nuevas especies, limitaban el desarrollo de las que ya vivían en esas condiciones de especial dureza, por el frío y las heladas recurrentes.

El calentamiento climático acelerado ha permitido que las especies amplíen sus áreas de distribución hacia cotas más elevadas, lo que ha provocado que la vegetación de las cimas sea ahora más rica en especies.

No obstante, los resultados del estudio muestran que esta aparente historia de éxito oculta una cara negativa, ya que aunque el número total de especies aumenta, las tasas de pérdida también lo hacen, y estas pérdidas afectan principalmente a las plantas especializadas en ecosistemas de gran altitud. Las especies cuya área de distribución se encontraba en una cumbre están sobrerrepresentadas en el grupo de plantas desaparecidas.

Una extinción alentada por el calentamiento

Los datos analizados muestran que las tasas de pérdida aumentan con la magnitud del calentamiento y a medida que nos acercamos a los límites inferiores del área de distribución de las especies. Para Juan Lorite, investigador del Departamento de Botánica de la UGR, «este estudio muestra que las plantas que habitan las montañas mediterráneas, como Sierra Nevada, son especialmente vulnerables al cambio climático. El calentamiento especialmente importante de este macizo favorece la llegada de especies de zonas más bajas y generalistas en detrimento de las exclusivas y especialistas de alta montaña».

En esta misma línea, Johannes Wessely, primer autor del estudio e investigador de la Universidad de Viena, indica que «los datos muestran claramente que las especies tenían más probabilidades de desaparecer de las cumbres que experimentaban un calentamiento más intenso. Esta correlación era incluso más fuerte que la tendencia temporal». Por su parte, Harald Pauli, coordinador de GLORIA en la Academia Austriaca de Ciencias y en la Universidad de Boku, añade que «cuando las especies ya crecen en lugares más cálidos que la media, se vuelven más sensibles a un nuevo aumento de la temperatura».

Las altas cumbres de Sierra Nevada están experimentando importantes cambios en su flora debido al calentamiento global.

Una posible ‘deuda de extinción’ acumulada

Las especies propias de grandes altitudes suelen ser especialmente longevas y resistentes al estrés, por lo que su extinción local puede producirse con retraso respecto al inicio de los cambios medioambientales que la desencadenan. Este fenómeno da lugar a la acumulación de una ‘deuda de extinción’ en las comunidades biológicas. Hasta ahora, estos retrasos explicaban por qué se habían documentado con mayor frecuencia las colonizaciones de nuevas especies que las extinciones de las que antes habitaban en la zona alpina.

Los resultados del estudio concuerdan con esta interpretación. Las extinciones locales de especies van precedidas de fases más prolongadas de declive poblacional. Por lo tanto, las tasas de extinción más elevadas que se observan actualmente podrían ser la respuesta a cambios que se produjeron, o al menos comenzaron, hace ya décadas. «En consecuencia, podrían indicar que se está empezando a saldar una ‘deuda de extinción’. Sin embargo, para confirmar si esta interpretación es cierta es necesario seguir investigando», señala Stefan Dullinger, coordinador del proyecto.