Dos ingenieros médicos argentinos desarrollan junto a atletas ciegos una tecnología que ayuda a entrenar a deportistas con discapacidad visual

Sono es una tecnología desarrollada por dos jóvenes ingenieros biomédicos de la UNC junto a atletas ciegos. Su funcionamiento es simple: emite sonidos de forma constante y puede colocarse en distintos puntos del espacio para servir como referencia auditiva. A partir de esos sonidos, las personas con discapacidad visual pueden orientarse utilizando mecanismos de ecolocalización, interpretando la procedencia y el rebote de las señales para ubicarse dentro del entorno

La tecnología es un dispositivo sonoro desarrollado por la ingeniera biomédica Agustina Zavala y su colega, Agustín Pérez, egresados de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

En cualquier entrenamiento deportivo convencional, los conos son parte del paisaje. Delimitan recorridos, marcan objetivos y organizan ejercicios. Para las personas con discapacidad visual, esas referencias espaciales suelen ser reemplazadas por algo más complejo: otras personas.

En el fútbol para personas ciegas, por ejemplo, entrenadores, asistentes o colaboradores deben ubicarse en distintos puntos de la cancha y emitir sonidos para orientar a jugadores y jugadoras. Sin esos apoyos, las posibilidades de entrenamiento se reducen.

Sono nació con el objetivo de responder a esa necesidad. Es un dispositivo sonoro desarrollado por la ingeniera biomédica Agustina Zavala y su colega, Agustín Pérez, egresados de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). El proyecto se desarrolla y mejora en el marco del Programa UNC Incuba, impulsado por la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNC. Y es incubado en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

La iniciativa fue diseñada junto a Las Murciélagas, la selección nacional femenina de fútbol para personas ciegas, y constituye una propuesta inédita en el país: no existen antecedentes de dispositivos similares desarrollados en Argentina.

«En los entrenamientos de cualquier deporte convencional se utilizan conos de colores. En los deportes adaptados a discapacidad visual, en cambio, se utilizan personas», explica Zavala. «Nuestro objetivo fue crear una herramienta que permita realizar ejercicios de manera autónoma y ampliar las posibilidades de entrenamiento cuando no hay guías disponibles», agrega.

Escuchar para orientarse

El funcionamiento de Sono es simple: emite sonidos de forma constante y puede colocarse en distintos puntos del espacio para servir como referencia auditiva. A partir de esos sonidos, las personas con discapacidad visual pueden orientarse utilizando mecanismos de ecolocalización, interpretando la procedencia y el rebote de las señales para ubicarse dentro del entorno.

«Lo que les permite es poner el dispositivo en algún lugar de la cancha y realizar ejercicios de manera autónoma. Puede ser rodearlo, desplazarse hacia él o utilizarlo como punto de referencia para distintas actividades», señala la ingeniera.

Los prototipos evolucionaron a partir de pruebas junto a deportistas y entrenadores/as. En una primera etapa incorporaban sensores, pero la experiencia de uso llevó al equipo a simplificar el diseño. “Los mismos entrenadores nos dijeron que lo más importante era que sonara. Nos pidieron dispositivos con distintos sonidos para poder generar diferentes ejercicios y recorridos”, relata Zavala.

Actualmente, el sistema funciona mediante unidades que emiten señales auditivas diferenciadas y pueden ubicarse en distintos sectores de la cancha según las necesidades del entrenamiento.

Para Santiago Andrés Jugo, licenciado en Gestión Deportiva y asistente técnico de Las Murciélagas, esa flexibilidad es una de las principales ventajas. «Se pueden configurar distintos modos de sonido y eso se asemeja mucho a la manera en que trabajamos durante el entrenamiento deportivo para personas con discapacidad visual en las consignas cotidianas», explica.

El entrenador destaca que los dispositivos permiten reemplazar apoyos humanos que muchas veces no están disponibles. «Si quiero hacer un ejercicio de slalom con pelota, antes necesitaba una persona en cada uno de los lugares donde la jugadora debía esquivar. Con Sono simplemente distribuyo los dispositivos en el campo y puedo desarrollar la actividad sin depender de tres o cuatro asistentesv, afirma.

Una necesidad sin respuesta

El origen del proyecto estuvo en una problemática concreta detectada dentro del deporte adaptado: la falta de referencias espaciales que permitan a los deportistas entrenar con mayor independencia.

«Todos los profesores necesitamos elementos demarcatorios para enseñar y entrenar. En cualquier práctica deportiva hay conos, pero en los deportes para personas con discapacidad visual ese elemento no puede utilizarse. Sono viene a resolver una necesidad muy clara», señala.

Para validar esa necesidad, se trabajó junto a Las Murciélagas y al equipo cordobés Las Guerreras. Las pruebas realizadas mostraron una reducción significativa de la intervención verbal de los guías y una mejora en la seguridad y fluidez de los movimientos durante los ejercicios.

Jugo apunta que otra de las fortalezas del proyecto es haber sido desarrollado junto a quienes utilizan la herramienta. «El hecho de que se haya probado en campo hace una diferencia enorme. Los dispositivos reciben golpes, impactos de la pelota y usos que muchas veces no se imaginan desde el diseño. Haber trabajado durante todo el proceso con el equipo hizo que la versión actual sea una propuesta muy sólida para el uso diario», sostiene.

Sin embargo, el alcance potencial de la tecnología trasciende el ámbito deportivo. «La inclusión es el aspecto más importante. Nos dimos cuenta de que existen muchos espacios adaptados para otras discapacidades, pero muy pocas propuestas pensadas específicamente para personas con discapacidad visual», sostiene Zavala.

A partir de esa observación, el equipo comenzó a imaginar nuevas aplicaciones para Sono en ámbitos educativos, recreativos y comunitarios. «Queremos llevarlo a escuelas, a plazas y a crear ambientes más inclusivos», afirma.

Actualmente, el equipo busca validar la tecnología en instituciones educativas y explorar su utilización en otras disciplinas como básquet adaptado, goalball y otros deportes que requieren orientación espacial mediante referencias auditivas.

Del laboratorio a la cancha

El proyecto comenzó a gestarse en la materia Ingeniería en Rehabilitación y continuó luego como trabajo de tesis de la carrera universitaria. Desde entonces, los prototipos fueron perfeccionándose a partir de la experiencia obtenida en los entrenamientos y del intercambio con deportistas, entrenadores/as y referentes del fútbol para personas ciegas.

Ese recorrido permitió transformar una idea académica en una solución tecnológica con potencial de transferencia social.

Hoy, uno de los principales desafíos es dar el salto hacia una producción más amplia. En ese recorrido, UNC Incuba se convirtió en una instancia clave para el equipo.

«Estamos buscando posibles inversores y compradores para poder seguir desarrollando el proyecto”. La idea es conseguir financiamiento para producir kits que puedan llegar a clubes, escuelas y organizaciones», explica Zavala.

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