Los estudios sobre los mosquitos portadores del virus del Nilo han dado unos resultados inesperados. Han permitido identificar cuatro nuevas especies de moscas hematófagas, es decir, chupasangres. El hallazgo amplía el conocimiento sobre el género Leptoconops, de interés para la salud pública y la sanidad animal, y demuestra que incluso en regiones ampliamente estudiadas todavía existen especies desconocidas para la ciencia.
Las nuevas especies salieron a la luz durante los muestreos de insectos que se realizan para detectar la presencia del virus del Nilo Occidental en distintos puntos de Andalucía. Esta vigilancia, integrada en el proyecto ARBOPREVENT, financiado por la Fundación «la Caixa», ha permitido no solo reforzar el control de enfermedades emergentes, sino también descubrir una biodiversidad hasta ahora desconocida. El estudio ha sido liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), en colaboración con la Universidad de Milán.
Cuatro especies nuevas entre ocho identificadas
Durante la investigación se identificaron ocho especies del género Leptoconops, de las cuales cuatro resultaron ser completamente nuevas para la ciencia, un resultado especialmente llamativo en un territorio tan estudiado como Andalucía.
Las especies descritas son Leptoconops nigrithorax sp. nov., Leptoconops triangularis sp. nov., Leptoconops pseudoirritans sp. nov. y Leptoconops communis sp. nov. Su descripción amplía significativamente el conocimiento sobre este grupo de insectos y revela que su diversidad era mucho mayor de lo que se pensaba.
«Este exhaustivo muestreo ha permitido de forma pionera detectar la presencia de Leptoconops en Andalucía», señala Jordi Figuerola, investigador principal del proyecto.
Qué son las moscas Leptoconops y por qué preocupan
Las especies del género Leptoconops son pequeñas moscas hematófagas de apenas dos milímetros de longitud. Al igual que ocurre con los mosquitos, las hembras necesitan alimentarse de sangre para completar su ciclo biológico.
Sin embargo, existe una diferencia importante. Mientras los mosquitos perforan la piel con una probóscide, estas moscas utilizan un mecanismo denominado telmofagia, que consiste en realizar pequeños cortes sobre la piel de aves y mamíferos, incluido el ser humano, para alimentarse de la sangre que brota de la herida.
Aunque permanecen ausentes durante gran parte del año, en primavera sus poblaciones pueden aumentar notablemente y provocar numerosas molestias por sus picaduras.
Su distribución era mucho mayor de lo que se creía
El género Leptoconops está presente en buena parte de la región mediterránea, incluyendo España, Francia, Italia, Argelia, Marruecos, Egipto y Oriente Medio. Sin embargo, su distribución seguía siendo poco conocida y apenas existían estudios detallados en numerosas zonas.
En España, estos insectos solo se habían citado en unos pocos enclaves asociados principalmente a marismas y torrentes arenosos. Los nuevos muestreos demuestran que su presencia es mucho más amplia.
«En España apenas se conocía su existencia en unos pocos lugares, y se asociaban principalmente a torrentes arenosos y marismas; sin embargo, sabemos que su distribución era mucho mayor, como se demuestra en el presente trabajo publicado», explica Mikel Alexander González, autor del estudio.

Un hallazgo con interés para la salud pública
El descubrimiento no solo aumenta el catálogo de especies conocidas. También abre nuevas investigaciones sobre el papel que estos insectos podrían desempeñar en la transmisión de parásitos y otros patógenos.
Además, pone de manifiesto el valor científico de los programas de vigilancia sanitaria, que generan información útil tanto para prevenir enfermedades emergentes como para mejorar el conocimiento de la biodiversidad.
El investigador predoctoral Dumitru Ionut Paun Tanase, coautor del estudio, concluye: «La captura de estos insectos permitirá que investiguemos su papel en la transmisión de parásitos, así como su ecología, ayudando a cubrir las lagunas de conocimiento que existen acerca de ellos».
Este trabajo confirma que incluso en regiones tan estudiadas como Andalucía todavía quedan especies por descubrir y que los programas de seguimiento epidemiológico pueden convertirse en una herramienta clave para avanzar en el conocimiento de la biodiversidad y de los insectos con relevancia sanitaria.














