Entre bosque y potreros del Cañón del Combeima se camuflaba una trepadora con hojas en forma de abanico y pequeñas manchas brillantes, flores diminutas con coronas verdes y púrpuras, y frutos morados del tamaño de una canica. Ahora, identificada como nueva especie y bautizada como Pasiflora dulimae en honor al Nevado del Tolima, enfrenta un futuro incierto, ya que apenas siete plantas han sido registradas en la zona.

El descubrimiento no es menor. Con más de 180 especies registradas, Colombia es uno de los países con mayor riqueza en pasifloras, entre ellas frutos tan familiares como el maracuyá, la granadilla, la curuba o la gulupa. Cerca de un tercio son exclusivas de este país, lo que convierte Colombia en referente vital para la conservación de esta familia botánica.
En ese mapa de biodiversidad, Tolima aparece como un epicentro de diversidad, pues en sus montañas aún se esconden joyas botánicas que sorprenden a la ciencia. Allí, en el bosque de niebla del Cañón del Combeima, a más de 2.600 msnm, se descubrió P. dulimae, una enredadera que trepa entre la humedad y la sombra de la cordillera y que ahora se suma a la lista de especies que solo existen en este rincón del planeta.
“Colombia es un país megadiverso y no necesitas ir a una selva primaria para encontrar algo nuevo para la ciencia. Esta planta estaba al borde de la carretera en el Cañón del Combeima”, recuerda el ingeniero agrónomo John Ocampo Pérez, uno de los principales referentes en el estudio de pasifloras en Hispanoamérica, profesor de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.
Fue precisamente él quien identificó la especie por primera vez en 2021, aunque sin flores, y su experiencia en este grupo de plantas le permitió reconocer años después, gracias al hallazgo del estudiante de Biología David Lozano Cifuentes, de la Universidad del Tolima, que se trataba de una especie inédita para la ciencia.
Los resultados de este hallazgo fueron publicados en Phytotaxa, una de las revistas internacionales especializadas en taxonomía vegetal más reconocidas en el mundo. Allí los artículos son revisados por pares antes de validar si una especie es realmente nueva, lo que convierte la publicación en una garantía científica y un aval para la comunidad internacional.
“Tú no puedes decir que es una especie nueva sin haber sido publicada; debe pasar por la revisión de expertos internacionales”, explica el profesor Ocampo, primer autor del artículo científico en el que, además del biólogo Lozano, también participaron Boris Villanueva y Lina Corrales, investigadores del Jardín Botánico de Bogotá. El equipo combinó disciplinas de la biología y la ingeniería agronómica y forestal, lo que refleja un esfuerzo interinstitucional que fortalece la conservación de la flora colombiana.
El descubrimiento llega con una alerta
El bautizo de la especie también guarda un sentido cultural. Por eso los investigadores decidieron llamarla P. dulimae, retomando la palabra “dulima” que los pueblos pijao usaban para nombrar al Nevado del Tolima. En su lengua, “dul” significa nieve e “ima” abundancia, una manera de rendir homenaje a dicho coloso de las nieves que ha acompañado a Ibagué desde tiempos ancestrales. Con este gesto, la ciencia reconoce no solo un hallazgo botánico, sino también la memoria viva del territorio.
Pese a lo valioso del hallazgo también hay una advertencia: de la nueva especie solo se han encontrado 7 individuos, dispersos en dos puntos del Cañón del Combeima. Crece en los bordes del bosque de niebla y cerca a los potreros, lejos de áreas protegidas como el Parque Nacional Natural Los Nevados.
Su área de ocupación fue calculada en apenas 8 quilómetros cuadrados y su extensión de ocurrencia en menos de 4 km², cifras que la ubican en la categoría de “En Peligro Crítico” según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
“Para mitigar dicha situación es importante educar a las comunidades para que sepan que esta pasiflora es endémica y valiosa, y que si la encuentran no la destruyan. También necesitamos conservar su hábitat y tener copias de seguridad en jardines botánicos, por si se pierde en su ambiente natural”, indica el profesor Ocampo, integrante del grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales (GIRFIN) de la UNAL Sede Palmira.
Agrega que el Jardín Botánico de Santa Fé de Bogotá cumple un rol estratégico en este propósito, por su capacidad de manejar colecciones vivas y su experiencia en conservación, un soporte fundamental cuando se trata de especies recién descritas y con distribución muy limitada.

Retrato de una pasiflora única
A diferencia de sus parientes más conocidos, esta pasiflora es discreta y delicada. Sus tallos verdes alcanzan entre 4 y 5 m de longitud, las hojas tienen forma de abanico con bordes lobulados y en su superficie destacan pequeñas manchas brillantes. Las flores, de apenas 2 cm de diámetro, combinan tonos verdes, amarillos y púrpuras, y producen frutos esféricos de color morado, del tamaño de una canica. Florece en junio y agosto, como si siguiera el ritmo de las lluvias y la niebla que envuelven el Cañón.
El profesor Ocampo destaca que, “a diferencia del maracuyá o la granadilla, la nueva especie tiene hojas con nectarios visibles y flores con una corona muy particular, de filamentos verdes y púrpuras, además de frutos diminutos que no se conocen en especies cultivadas”.
El artículo científico también resalta que P. dulimae pertenece al subgénero Decaloba, un grupo de pasifloras trepadoras con flores pequeñas y frutos discretos. Entre sus rasgos únicos están las hojas obovadas a ovoides con lóbulos en ángulo de 68º a 84º, las coronas de la flor con filamentos verdes y bandas púrpuras, y un ovario densamente cubierto de pelos.
El descubrimiento de P. dulimae forma parte del año sabático del profesor Ocampo, quien lideró la investigación desde la UNAL Sede Palmira. “Este es uno de los productos de mi sabático, un aporte concreto al conocimiento de la biodiversidad colombiana”, afirma. Para él, el hallazgo demuestra que la Universidad puede liderar ciencia de alto impacto con observaciones detalladas, trabajo riguroso en campo y el uso eficiente de los recursos disponibles.












