Cómo alimentar bien al cerebro, el órgano consume una quinta parte de la energía de nuestro cuerpo

  • El cerebro, aunque pequeño en tamaño, consume una gran cantidad de energía y depende de nutrientes muy específicos para funcionar de manera óptima
  • La alimentación diaria puede convertirse en una aliada que refuerce la memoria, la atención y la creatividad, o, por el contrario, en un factor que acelere el desgaste cognitivo y aumente el riesgo de alteraciones en el estado de ánimo

“Somos lo que comemos” ya no es un dicho popular sino una afirmación respaldada por la ciencia. Numerosas investigaciones demuestran que ciertos alimentos no sólo fortalecen el cuerpo, sino que también potencian la función cerebral, impactando directamente en la concentración, la memoria, la toma de decisiones y los niveles de energía mental a lo largo del día. “Aunque apenas representa un 2% del peso corporal, el cerebro consume alrededor del 20% de la energía que ingerimos. Esto significa que la calidad de los alimentos que llegan a nuestra mesa repercute de forma directa en cómo pensamos, recordamos, aprendemos y hasta en cómo nos sentimos”, explica Mariangela Tabone, profesora de Biología Molecular de la Facultad de Ciencias Biomédicas y de la Salud de la Universidad Europea.

 “En los últimos años se ha descubierto que las bacterias que componen nuestra microbiota intestinal desempeñan un papel clave en la salud cerebral, ya que influyen en la producción de serotonina y otros neurotransmisores. Dietas ricas en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados ayudan a mantener esta comunidad en equilibrio, reduciendo el riesgo de ansiedad, depresión y alteraciones cognitivas”, añade la docente al tiempo que recuerda que el principal combustible del cerebro es la glucosa.  “Cuando proviene de alimentos ricos en fibra, cereales integrales o legumbres, se libera de manera progresiva, favoreciendo la concentración y el rendimiento cognitivo. En cambio, los azúcares simples y los ultraprocesados producen picos de glucosa seguidos de caídas bruscas, lo que genera fatiga, dificultad para mantener la atención e incluso cambios en el estado de ánimo”. 

En cuanto a las grasas, “los ácidos grasos omega-3 forman parte de las membranas de las neuronas y permiten que se comuniquen con eficacia. Una dieta rica en pescado azul, nueces o semillas se asocia con una mejor memoria y un menor riesgo de fatiga mental. Del mismo modo, la colina, presente en alimentos como el huevo, interviene en la producción de acetilcolina, un neurotransmisor directamente ligado al aprendizaje y la memoria”.

La profesora de la Universidad Europea asegura que “una dieta equilibrada puede ser tan importante para el rendimiento diario como el descanso” y advierte de que “los déficits nutricionales, aunque menos visibles, también juegan un papel importante. Una dieta pobre en frutas, verduras y alimentos frescos reduce la ingesta de antioxidantes y micronutrientes esenciales, dejando al cerebro más expuesto al daño oxidativo y al estrés. Y conviene saber que el estrés no se limita a lo emocional, sino que también incluye en procesos biológicos de inflamación y sobrecarga que, si se mantienen en el tiempo, pueden reducir el rendimiento mental y aumentar a vulnerabilidad frente a enfermedades neurodegenerativas”, concluye.

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