Los verdaderos inventores de la dieta paleo vivieron en Orce

Los verdaderos inventores de la dieta paleo vivieron en Orce

Escena de una comida en el Orce de hace 1,4 millones de años.

La Universidad de Málaga analiza en profundidad las marcas dejadas por homininos de Orce (Granada) de hace 1,4 millones de años, que le permiten describir su dieta alimenticia.

Tenía un aspecto radicalmente diferente al que presenta hoy día. El entorno del municipio granadino de Orce atesora algunos de los yacimientos paleontológicos más importantes del continente europeo, donde se pueden observar las huellas dejadas por grandes mamíferos y por los primeros homínidos que habitaron en Europa.

Sabana africana y homínidos de Orce

Este enclave es ahora un lugar casi desértico, marcado por una vegetación escasa y una frecuencia de lluvias bastante pobre. Sin embargo, hace 1,4 millones de años llovía unas tres veces más y esta zona de la Cuenca de Baza presentaba un aspecto muy parecido al de la sabana africana, con grandes lagos, en cuyas orillas se concentraba una enorme cantidad de vida animal y vegetal.

Mamíferos como hipopótamos, rinocerontes, equinos similares a las cebras, hienas y hasta el temido tigre de dientes de sable. Y entre todos estos mamíferos sobrevivían a duras penas pequeñas comunidades de homínidos, nuestros antepasados más remotos y la población humana más antigua de la Europa Occcidental.

Paisaje que presentaría Orce hace 1,4 millones de años

¿Cómo vivían los humanos de hace 1,4 millones de años?

Sus actividades han dejado ciertas evidencias, que permiten conocer cómo vivían y cómo se las apañaban para subsistir en un entorno peligroso. Una de las más importantes hasta ahora las ha descubierto un equipo científico liderado por los investigadores de la Universidad de Málaga, Patrocinio Espigares y Paul Palmqvist, y el investigador ICREA del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social, Bienvenido Martínez Navarro.

Este grupo acaba de publicar un artículo, con un estudio pormenorizado de las primeras marcas de corte en huesos de grandes mamíferos. Halladas en la década de los dos mil, se trata de las primeras evidencias que los humanos dejaron en huesos de mamíferos y también las huellas más antiguas del uso de herramientas.

Tras un trabajo muy minucioso con huesos fósiles, han identificado y cuantificado las modificaciones de origen humano conservadas en los restos de grandes mamíferos de los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva-3, datados en 1,4 millones de años.

hueso de mamífero con marcas de corte hechas por homínidos

Dieta de los homínidos de hace 1,4 millones de años

Estas marcas han permitido conocer mejor la alimentación de estos primeros europeos. Descubrir que un tercio de su dieta estaba compuesta por carne de grandes mamíferos, que podían ser animales fallecidos por muerte natural o restos dejados por depredadores mucho más grandes, como los temidos tigres de dientes de sable, en competencia siempre con las hienas.

El equipo de investigadores, integrado también por científicos del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social de Tarragona y del Museo de Historia Natural de Los Ángeles (California, EE.UU.), tras analizar más de quince mil fósiles exhumados en los yacimientos, ha registrado 227 restos con modificaciones realizadas por humanos primitivos. Señales dejadas por incisiones, aserrados, raspados y tajos, marcas de corte propias de despellejar al animal, descarnarlo y sacarle las vísceras. Al mismo tiempo, se han identificado marcas de fracturas, provocadas para acceder al tuétano de los huesos.

Estas poblaciones producían muescas, extraían lascas de hueso y realizaban roturas en espiral, que les servían para extraer un jugo que en esa época era uno de los mejores manjares.

Los primeros carniceros de la historia

Estos carniceros primitivos se valían de unas herramientas muy sencillas: piedras de sílex y calizas, que pueden considerarse como los primeros cuchillos de la historia y cuya presencia en ambos yacimientos de Orce es muy abundante, una prueba de la importancia de estos asentamientos de las primeras etapas de la población humana de la Europa Occidental.

En estos huesos también han aparecido restos de marcas ocasionadas por los dientes de grandes carnívoros, como hienas, y de roedores, incluso hasta de puercoespines. Esta información es crucial para deducir que estas poblaciones humanas actuaban como carroñeros, ya que la mayoría de las veces tenían que conformarse con las sobras de otros animales de gran tamaño y muy peligrosos.

Los homínidos de Orce hacían de carroñeros.

Se alimentaban de cadáveres

Los cadáveres formaban parte de la dieta habitual de estos humanos primitivos, que completaban su alimentación con tortugas. Además, hay evidencias del consumo de pequeños mamíferos, anfibios y reptiles, huevos de aves y caracoles, cuyos restos son abundantes en los yacimientos de esta localidad granadina.

Al mismo tiempo, los investigadores creen que en la dieta de estos homínidos también tenían cabida productos vegetales diversos, recogidos en este entorno privilegiado para la biodiversidad, que durante todo este tiempo ha tornado de forma radical, hasta convertirse en un espacio semiárido que conocemos hoy día.

Huesos aprovechados al máximo

Este estudio describe cómo esas poblaciones protohumanas eran capaces de sacar un gran partido a los cadáveres. Según explican Patrocinio Espigares y Paul Palmqvist, se pueden reconocer claramente los huesos que pasaron por las manos de estas comunidades de homínidos. Las herramientas rudimentarias que tenían les permitían extraer todos los recursos de los cadáveres, incluso eran capaces de acceder al tuétano de las falanges de los dedos, pero para ello dañaban enormemente los huesos. De ahí que este deterioro en los fósiles se haya convertido en una seña irrefutable de la actividad humana.

Es cuestión de economía natural, explica Paul Palmqvist. A diferencia de los homininos, que fracturaban fácilmente cualquier hueso gracias al uso de herramientas de piedra, a las hienas, con unas de las mandíbulas más poderosas del reino animal, no les merecía la pena esforzarse en quebrar los huesos con mayor densidad mineral para acceder al tuétano. Este desprecio era todo un regalo para los grupos de homininos de la época que, como actualmente hacen los buitres, iban detrás de los grandes depredadores, para llenar la rudimentaria despensa con los restos de sus banquetes.

Territorio hostil para los homínidos

Era una época muy dura, en la que cada día que pasaba era un regalo, en este caso no de ninguna divinidad, ya que se trata de épocas muy tempranas de la civilización humana, en las que todavía no se pueden reconocer ningún tipo de ritos.

Solamente, la lucha diaria por la supervivencia en un entorno donde los homínidos tenían un papel marginal, y en ocasiones eran la merienda de un tigre de dientes de sable.

Grupos de 50 individuos y con una organización social mínima

Estos homínidos vivían en grupos de entre 30 y 50 individuos. Había una organización social mínima, que servía para organizarse en las tareas de caza y poquito más. Del mismo modo que ha signos de una separación de tareas, de forma que los hombres salían a cazar, mientras que las mujeres se encargaban de la recolección de frutos y del cuidado de niños y ancianos.

Todavía no tenían dominio del fuego, así que los alimentos eran consumidos crudos. Y la carne era muy difícil de comer, por eso, perder un diente podía suponer una auténtica tragedia. Sin embargo, los escasos yacimientos fósiles de estas cronologías han dado sorpresas muy gratas al mundo de la investigación, como el hallazgo en Dmanisi (Georgia) de los restos de una cabeza de mujer que había perdido todos los dientes bastante tiempo antes de morir.

Estos huesos son valiosos por sí mismos, pero todavía más porque permiten apreciar la solidaridad del grupo, un comportamiento que acerca mucho a aquellos homininos a los humanos de hoy en día. Sin la ayuda del colectivo, esa mujer habría muerto de hambre en cuestión de días. Pero todo apunta a que eso no ocurrió así, sino que recibió la ayuda de la comunidad para alimentarse, hasta el punto de que sus compañeros habrían llegado a masticarle la carne y dársela en pequeños trozos para que pudiera alimentarse.

Y no solo eso, en los años 90 aparecieron restos de licaones que presentaban niveles elevados de consanguinidad, lo que se traducía en la aparición ocasional de individuos con malformaciones, como la ausencia de ciertos dientes. Esto evidencia que las poblaciones de estos perros salvajes cuidaban igualmente de sus individuos discapacitados en el entorno de la Cuenca de Baza, hace 1,4 millones de años.

Esta investigación revela cómo era una parte esencial de la vida de estas poblaciones humanas primitivas. La lucha continua por la supervivencia, mantenida por los europeos occidentales más antiguos que se conocen, que llegaron a la Península Ibérica 200.000 años antes que la comunidad de Atapuerca. Un trabajo que contribuye a completar el relato de la ocupación humana de Europa, un capítulo de la historia que no deja de dar sorpresas y descubrir hechos fascinantes.

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.