Humanidades

Los primeros ‘malakeños’: el origen fenicio de Málaga

Un equipo de la Universidad de Málaga ha realizado una nueva datación de los restos que aparecieron en la adecuación del edificio del Rectorado y confirma de que son los más antiguos encontrados del asentamiento fenicio de Malaka, germen de la ciudad actual.

La actividad de los fenicios dejó en Málaga huellas imborrables y una modificación del territorio que llega hasta nuestros días. La actividad de este pueblo en la Bahía de Málaga no se limitaba al comercio, sino que también desarrollaron una agricultura comercial de gran nivel, asentada principalmente en el cultivo de vid; así como una actividad industrial y metalúrgica de calado, a la altura de los principales focos del Mediterráneo de la época.

Esta intensa actividad económica conllevó modificaciones en el terreno que, si bien no fueron intencionadas, acabaron con la imagen que tenía la desembocadura del Guadalhorce entre los siglos IX y VI antes de nuestra era.

El antiguo estuario del Guadalhorce

En aquel entonces, la desembocadura de este emblemático río tenía el aspecto de un estuario, en el que emergían un conjunto de islotes. Algunos de ellos llegaron a ser de tal tamaño que se convirtieron en los primeros refugios para el desarrollo de la cultura fenicia en la zona.

Pero la deforestación tuvo sus consecuencias, tanto que la erosión y un conjunto de riadas colmataron el estuario en un tiempo relativamente corto, hasta dejarlo con el aspecto que tiene hoy día. Los restos más antiguos de presencia fenicia en la bahía de Málaga datan del siglo IX y son coetáneos con otros asentamientos localizados en lo que hoy es la provincia de Huelva, con lo que se convierten en los más antiguos de la Península Ibérica. Concretamente se trata del yacimiento de La Rebanadilla, ubicado justo debajo de la segunda pista del Aeropuerto de Málaga y que en esa época era un islote.

Santuario fenicio, entre los primero asentamientos de este pueblo

En este enclave han aparecido restos de lo que pudo ser un santuario fenicio, así como otros muchos atribuidos a las comunidades locales, gente del final de la Edad del Bronce, y que demuestran que “el proyecto fenicio se basaba en establecer relaciones con el mundo local”, explica el investigador del Área de Prehistoria de la Universidad de Málaga, José Suárez.

Muy cerca de este asentamiento se localiza el yacimiento del Cerro del Villar. Datado en el siglo VIII y ubicado en lo que sería otro islote del estuario del Guadalhorce, permite observar un asentamiento mucho más consolidado, con una estructura urbana moderna, que hace pensar que el origen de las tramas urbanas no está tanto en los griegos como en los fenicios. “Este asentamiento demuestra lo bien que funcionaron esos primeros contactos establecidos con la población local”.

Estructura de calles y tiendas abiertas al exterior

Un asentamiento urbano mucho más complejo, con calles de hasta cinco metros de ancho, tiendas abiertas a la calle, con grandes casas residenciales, talleres de metalurgia y alfareros, zona portuaria… “El asentamiento del Cerro del Villar se fecha en el 775 y sobre el año 700 sufrió un evento destructivo de origen marino caracterizado como un tsunami, pero no lo sabemos con total seguridad. Pudo ser un tsunami o un temporal de Levante muy fuerte. Está claro es que su origen fue marino y supuso la destrucción del asentamiento”, explica José Suárez.

Restos arqueológicos romanos y fenicios aparecidos en los bajos del actual Rectorado de la UMA.

El primer polígono industrial de Málaga fue fenicio

Esta zona se recuperó de la catástrofe ya en el siglo VII, pero se observa un asentamiento más industrial que residencial. Casi se podría decir, salvando muchas distancias, que los fenicios crearon el primer polígono industrial de Málaga.

Y comenzó a tomar protagonismo el asentamiento de Malaka, justamente donde hoy se encuentra en el centro de la capital malagueña, cuyos restos pueden verse en los bajos de algunos edificios emblemáticos de la ciudad, como el que alberga el Museo Picasso o el antiguo edificio de Correos, que en la actualidad es el Rectorado de la Universidad de Málaga.

Justamente en los bajos de este edificio se encuentran los restos más antiguos de la Malaka fenicia, tal y como se ha podido comprobar en una nueva datación realizada recientemente, de los vestigios hallados durante las obras de acondicionamiento del edificio para el uso actual, realizadas hace 20 años.

Entre las piletas de salazón de origen romano, los investigadores de la Universidad de Málaga hallaron restos de vajillas que aparentaban ser de origen fenicio. Un estudio actual de estos materiales, en el que se han incorporado técnicas de datación más modernas, y en el que las piezas halladas se han comparado con las aparecidas en otros yacimientos fenicios. “Hemos estudiado el conjunto que apareció en la base del edificio de Correos y comparándolo con otras piezas que estaban muy bien datadas, llegamos a la conclusión de que esos materiales pertenecen al 650, mediados del siglo VII (antes de nuestra era)”, explica José Suárez.

Los investigadores han contado con la ventaja de que la cerámica fenicia ha sido ampliamente estudiada y se conoce su evolución, con una precisión de entre 25 y 50 años.

Malaka, el asentamiento fenicio más destacado en la bahía de Málaga

Malaka se erigió como el asentamiento fenicio más destacado de la bahía de Málaga en siglo VII y supuso la base para el desarrollo de la ciudad que conocemos hoy día. El florecimiento de este asentamiento pudo verse favorecido por el desastre padecido en Cerro del Villar. En esta nueva ubicación, justo debajo del cerro coronado por la Alcazaba de Málaga, encontraron un enclave más protegido ante posibles eventos marinos como el que ocurrió en el siglo VIII. “A partir del año 600 Malaka es ya una ciudad amurallada, con un gran puerto y que toma un gran protagonismo”. La incipiente Málaga se convierte en un lugar de comercio, donde también se produce salsa de pescado, que sin duda es el producto comercial por excelencia de la cultura fenicia, y también se sabe que en la parte continental del Guadalhorce comenzó a cultivarse la vid para producir uva y vino.

La importancia de la actividad agroalimentaria de la zona es tal, que han llegado a encontrarse restos de contenedores malagueños en enclaves del interior, como Ronda y Granada (aunque en este caso no se sabe bien si procedían de Almuñécar, de Vélez Málaga o Málaga); y también en lugares costeros tan alejado de Málaga como Guardamar del Segura, en la provincia de Alicante, donde se encontraba la población de La Fonteta. Sin embargo, todavía no se han encontrado evidencias de la producción del tinte púrpura en la bahía de Málaga, una actividad de mucho calado en Toscanos, un enclave fenicio situado en Vélez Málaga.

Más conquistas comerciales que bélicas

Los fenicios era un pueblo pacífico, que valoraba mucho más las conquistas comerciales que las bélicas, y mantenía unas relaciones muy fluidas con las poblaciones locales, de ahí que en los dos asentamientos más antiguos de la bahía de Málaga aparecieran restos de cabañas propias de los autóctonos.

En esta época que va del siglo IX al VII se estima que la población rondaba los 500 habitantes en cada uno de los asentamientos, quizás mil, en los más desarrollados, como fue el caso de Malaka. “No es una población de gran tamaño, pero sí es cierto que el espacio está muy bien ocupado, con un urbanismo bien planteado, con calles, manzanas. Que siempre se ha pensado que era algo de tradición griega y hoy sabemos que fueron los fenicios los que implantaron”, afirma José Suárez. Así se sentaron las bases para el desarrollo de la capital de la Costa del Sol, que surgió fruto de tres asentamientos en la bahía de la ciudad, y que mantenía relaciones muy fluidas con otras poblaciones fenicias, bien situadas en la propia provincia de Málaga, como las que se encontraban en Marbella, Vélez-Málaga y Algarrobo, sino también con otras más alejadas como las de Almuñécar (Granada), Adra (Almería) y Cádiz.

La Malaka fenicia brilló con luz propia en esta zona del Mediterráneo, gracias a la actividad comercial y la producción agroalimentaria, y contribuyó a crear a identidad de la actual ciudad de Málaga, y asentar costumbres tan malagueñas como esa veneración por el pescado.

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