Un estudio publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology ha identificado un cambio en la estacionalidad del clima del centro de la península ibérica durante el Mioceno superior, hace aproximadamente nueve millones de años. El análisis del esmalte dental de caballos fósiles del género Hipparion revela que los animales de un yacimiento de la actual cuenca de Madrid experimentaron variaciones estacionales más marcadas que los de otro situado en la provincia de Segovia, unos 500.000 años antes.

La investigación está liderada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y cuenta con la participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y del Instituto de Geociencias (IGEO, CSIC-UCM). Los resultados apuntan a una intensificación de la estacionalidad, posiblemente relacionada con mayores contrastes de temperatura o con cambios más acusados en la disponibilidad de agua a lo largo del año.
El trabajo compara fósiles de dos yacimientos: Los Valles de Fuentidueña, en la cuenca del Duero, datado hace 9,6 millones de años, y Batallones-10, en la cuenca de Madrid, de hace 9,1 millones de años.
“Esta diferencia sugiere que, durante ese intervalo de aproximadamente medio millón de años, se produjo una intensificación de la estacionalidad, probablemente relacionada con contrastes más marcados en las temperaturas o en la disponibilidad de agua”, explica Dánae Sanz Pérez, investigadora de la UCM en el momento del estudio.
El esmalte dental conserva las huellas de las estaciones
Para reconstruir las condiciones ambientales del pasado, los investigadores analizaron 141 muestras de esmalte dental obtenidas de once dientes de Hipparion. El equipo empleó una técnica denominada muestreo seriado, que consiste en extraer pequeñas cantidades de esmalte a intervalos regulares a lo largo de la corona dental.
“Tras preparar los fósiles, el equipo utilizó una técnica denominada muestreo seriado, que consiste en extraer pequeñas cantidades de esmalte dental a intervalos regulares a lo largo de la corona dental”, explica Enrique Cantero, responsable del laboratorio de restauración de fósiles del MNCN.
A medida que los dientes crecen, incorporan información química relacionada con la dieta y las condiciones ambientales que experimenta el animal. Por eso, el análisis de los isótopos estables de oxígeno y carbono permite investigar, respectivamente, las variaciones ambientales estacionales y los cambios en la alimentación.
Los resultados mostraron diferencias claras entre los dos yacimientos. En los caballos de Batallones-10, los valores de oxígeno presentaban un patrón ondulado, con crestas y valles que indican una mayor variabilidad estacional de las condiciones térmicas o hídricas. En cambio, las señales isotópicas de los ejemplares de Los Valles de Fuentidueña eran más uniformes, lo que apunta a una estacionalidad menos marcada hace 9,6 millones de años.
“Mientras que los estudios isotópicos tradicionales proporcionan información sobre las condiciones ambientales anuales, nuestro análisis permite aproximarnos a las variaciones estacionales que experimentaron los animales durante la formación de sus dientes”, señala Soledad Domingo, investigadora de la UCM.

Un cambio climático coincidente con la Crisis del Vallesiense
La intensificación de la estacionalidad identificada en los fósiles coincide en el tiempo con la denominada Crisis del Vallesiense, un episodio de transformación de los ecosistemas europeos caracterizado por un importante recambio de fauna. Durante este periodo desaparecieron mamíferos asociados a ambientes boscosos y se reorganizaron las comunidades animales, con una mayor presencia de faunas adaptadas a entornos más abiertos y secos.
Sin embargo, el cambio en las condiciones estacionales no parece haber ido acompañado de una transformación importante de la dieta de los caballos estudiados. Los individuos de ambos yacimientos mantuvieron una alimentación basada principalmente en vegetación de tipo C3, característica de numerosos árboles, arbustos y plantas herbáceas.
“Sin embargo, a pesar de los cambios climáticos, los individuos de ambos yacimientos mantuvieron una alimentación basada principalmente en vegetación de tipo C3, característica de bosques abiertos y pastizales. Esto sugiere que los cambios en la estacionalidad no necesariamente estuvieron acompañados de importantes modificaciones en la dieta de estos animales”, destaca Laura Domingo, investigadora de la UCM.
El estudio aporta nuevas evidencias sobre las condiciones ambientales que acompañaron a la Crisis del Vallesiense y demuestra el potencial del esmalte dental fósil como registro de las variaciones climáticas estacionales.
“La aplicación de esta metodología a otros yacimientos permitirá reconstruir con mayor precisión las condiciones ambientales del pasado y comprender mejor las relaciones entre el cambio climático, la disponibilidad de recursos y la evolución de la biodiversidad”, señala Sanz Pérez.
El siguiente paso será ampliar los análisis a otros yacimientos de la península ibérica y estudiar fósiles de distintos grupos de mamíferos. Así, los investigadores podrán comprobar si la intensificación de la estacionalidad fue un fenómeno generalizado durante el Mioceno superior y cómo respondieron a ella animales con distintas estrategias ecológicas.













