Las lagunas de Sierra Nevada están registrando un calentamiento sin precedentes. En la última década, su temperatura ha aumentado a un ritmo medio de 2,2 ºC por década, entre cuatro y cinco veces superior al observado en lagos comparables de alta montaña que se hielan cada año.

El dato revela hasta qué punto el cambio climático está transformando uno de los ecosistemas más singulares de Sierra Nevada. La pérdida de nieve y hielo reduce el efecto albedo —la capacidad de las superficies claras de reflejar la radiación solar— y favorece un mayor calentamiento de las aguas.
La señal de alarma procede de la séptima campaña de ciencia ciudadana ’74 Oasis Glaciares de Alta Montaña’, impulsada por la Universidad de Granada (UGR) y el Espacio Natural de Sierra Nevada (ENSN). Durante tres jornadas de trabajo de campo, científicos, montañeros voluntarios y agentes de Medio Ambiente han muestreado más de 40 lagunas de los principales valles glaciares de la montaña granadina.
Las muestras recogidas continuarán ahora su análisis en laboratorio, dando continuidad a las series temporales que permiten observar cómo está cambiando Sierra Nevada a largo plazo.
El calentamiento de las lagunas se acelera
El comportamiento de las lagunas no puede entenderse al margen de lo que está ocurriendo con las temperaturas. Según los datos presentados durante las jornadas, las series continuas más próximas a Sierra Nevada muestran que el calentamiento no está siendo lineal, sino que se acelera con cada década.
La evolución es especialmente acusada en las temperaturas máximas. Desde 1980 han aumentado unos 0,6 ºC por década, lo que supone una subida acumulada de 2,7 ºC. El incremento duplica aproximadamente el registrado en las temperaturas medias, que se sitúa en 0,37 ºC por década.
El resultado es una mayor frecuencia y duración de los episodios de calor, hasta superar los siete eventos de este tipo al año. En este contexto, las lagunas de alta montaña funcionan como auténticos sensores ambientales. Su pequeño tamaño, su aislamiento y su dependencia de la nieve y el hielo hacen que respondan rápidamente a los cambios en las condiciones climáticas.
Lo que ocurre en ellas permite, por tanto, observar de forma especialmente clara cómo el calentamiento global está modificando los ecosistemas de montaña.
La pérdida de nieve cambia el equilibrio de la montaña
El aumento de temperatura no actúa de manera aislada. La reducción de la nieve y el hielo modifica uno de los mecanismos que ayudan a mantener más frías estas superficies.
La nieve y el hielo reflejan una parte importante de la radiación solar. Cuando disminuyen, el terreno y las masas de agua absorben más energía y se favorece el calentamiento. Es un mecanismo conocido como retroalimentación del albedo, que puede contribuir a acelerar los cambios en ambientes de alta montaña.
En las lagunas de Sierra Nevada, este proceso se suma al aumento general de las temperaturas y está dejando una señal especialmente intensa: 2,2 ºC de incremento por década durante los últimos diez años.
La comparación con otros lagos de alta montaña que se congelan anualmente da una idea de la magnitud del fenómeno. El ritmo registrado en Sierra Nevada es entre cuatro y cinco veces superior a la media global estimada para estos sistemas.
Las lagunas también están acumulando contaminación
El calentamiento no es la única presión que soportan estos ecosistemas. Los estudios preliminares desarrollados por investigadores del Instituto del Agua de la UGR y del Instituto de Investigación Biosanitaria apuntan a que las lagunas de Sierra Nevada están acumulando contaminantes procedentes incluso de lugares muy alejados.
La deposición atmosférica a larga distancia y la presión asociada al turismo intensivo están dejando su huella en estos ambientes. Los investigadores han detectado niveles elevados de microplásticos, aditivos plásticos como bisfenoles, parabenos y benzofenonas, y sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), conocidas como «químicos eternos».
Los contaminantes encontrados en los sedimentos presentan concentraciones superiores a las registradas en otros sistemas alpinos europeos, como los Alpes o los Pirineos, y se aproximan a las observadas en algunos ambientes costeros marinos.
Esta contaminación puede favorecer la aparición de la llamada plastisfera, la comunidad de microorganismos que se desarrolla sobre las superficies de los materiales plásticos, y alterar la microbiota propia de las lagunas.
La imagen resulta paradójica: estos pequeños cuerpos de agua situados a gran altitud, aparentemente alejados de las grandes fuentes de contaminación, pueden terminar acumulando sustancias transportadas por la atmósfera y procedentes de actividades humanas desarrolladas a cientos o miles de kilómetros.
Un mundo microscópico que todavía queda por descubrir
En las lagunas de Sierra Nevada existe además otra dimensión menos visible. Los científicos están estudiando su biodiversidad microbiana, formada por organismos capaces de sobrevivir en condiciones que resultarían extremas para muchas otras especies.
Hongos y protistas forman parte de este «Serengeti microscópico», como lo describen los investigadores. Conocer estas comunidades puede ayudar a reconstruir cómo fueron las condiciones ambientales del pasado y, al mismo tiempo, anticipar cómo responderán los ecosistemas al cambio global.
Pero estos organismos también pueden tener un interés que va más allá de la conservación. Las adaptaciones que les permiten sobrevivir en ambientes extremos pueden proporcionar moléculas, enzimas y procesos con potencial para la biomedicina, la biotecnología o la industria, además de ofrecer pistas sobre la capacidad de los seres vivos para adaptarse a un planeta cada vez más cálido.
Por eso, conocer qué microorganismos viven en estas lagunas y cómo responden a los cambios de temperatura y contaminación es también una forma de anticipar el futuro de estos ecosistemas.
Sierra Nevada como laboratorio natural del cambio global
La campaña ’74 Oasis Glaciares de Alta Montaña’ reúne a equipos multidisciplinares de la Universidad de Granada, la Universidad de Vigo y distintos centros del CSIC —IBE, ICM e IACT—, junto a montañeros voluntarios y agentes de Medio Ambiente.
El proyecto cuenta con el apoyo de PRESINMED, en el marco de Biodiversa+, además de los proyectos nacionales ESTECOME, TITAN y EYE-SEARCH y de MediaLab UGR.
La combinación de investigación científica y participación ciudadana permite mantener un seguimiento continuado de las lagunas. No se trata únicamente de conocer cómo están hoy, sino de construir una serie temporal capaz de revelar cómo evolucionan con el paso de los años.
Los datos obtenidos en Sierra Nevada convierten a estos ecosistemas en auténticas centinelas del cambio global. Su calentamiento acelerado y la presencia de contaminantes muestran que incluso los lugares aparentemente más remotos están conectados con las transformaciones que se producen a escala planetaria.
Seguir midiendo sus aguas, sus sedimentos y sus comunidades biológicas permitirá saber hasta dónde están llegando esos cambios. Y también puede ayudar a anticipar lo que ocurrirá en otros ecosistemas de montaña si las temperaturas continúan aumentando.












