Cada 17 de julio, el Día Mundial del Emoji recuerda el enorme protagonismo que estos pequeños iconos tienen en la comunicación digital. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de los teléfonos móviles y las aplicaciones de mensajería. Desde la Universidad de Granada (UGR), el profesor Juan Manuel Martín García ofrece una mirada desde la Historia del Arte para demostrar que los emojis forman parte de una tradición visual que acompaña a la humanidad desde hace miles de años.

Lejos de ser un invento exclusivo de la era digital, los emojis tienen antecedentes en pinturas rupestres, pictogramas, jeroglíficos y símbolos que permitían transmitir ideas y emociones con una sola imagen.
De Altamira al emoji: cuando las imágenes hablaban antes que las palabras
El recorrido por la historia de los emojis comienza en la Prehistoria. Como explica Juan Manuel Martín García, «mucho antes de que los emojis se convirtieran en un instrumento habitual de la comunicación digital, el ser humano ya contaba historias con imágenes».
Las pinturas rupestres de Altamira, en España, y Lascaux, en Francia, constituyen algunos de los primeros ejemplos de un lenguaje visual capaz de comunicar sin necesidad de palabras. Con trazos sencillos, pero cargados de significado, aquellas representaciones ya condensaban información y emociones mediante imágenes.
Esta capacidad de sintetizar un mensaje visual evolucionó durante los milenios siguientes. En el Neolítico aparece el Indalo de la Cueva de los Letreros, en Almería, considerado un claro ejemplo de pictograma: un signo visual que transmite una idea mediante una representación simplificada.
Más adelante, los jeroglíficos egipcios combinaron imágenes y texto en uno de los sistemas de comunicación más sofisticados de la Antigüedad. A ellos se suma un curioso precedente identificado hacia el 1700 a. C. en Mesopotamia: el vaso hitita de Karkemish, una vasija hallada en la frontera entre la actual Turquía y Siria cuya decoración se interpreta como una de las caras sonrientes más antiguas conocidas.

Cuando una imagen basta para expresar una emoción
Uno de los antecedentes más directos del emoji moderno aparece en la Grecia y la Roma clásicas. Las máscaras teatrales permitían representar emociones universales como la alegría o el dolor mediante un único gesto, exactamente la misma lógica visual que emplean muchos de los iconos digitales actuales.
La Edad Media también dejó ejemplos especialmente reveladores. En los manuscritos iluminados abundan las drolerías, figuras grotescas, cómicas o fantásticas dibujadas en los márgenes, así como la manícula, un dibujo de una mano con el dedo índice extendido utilizado para señalar los pasajes más importantes de un texto. Según explica Martín García, puede definirse como «todo un icono funcional, casi idéntico a nuestro actual emoji de dedo índice».
Durante la Edad Moderna, la cultura de los emblemas reforzó esa relación entre imagen y significado mediante composiciones que unían ilustración, lema y un breve texto para transmitir una idea de un solo vistazo.
De El grito de Munch a los primeros emojis digitales
La evolución del lenguaje visual continuó en el siglo XIX con obras como El grito, de Edvard Munch, cuyo rostro angustiado ha sido señalado como una posible inspiración del actual emoji de terror o sorpresa.
Los antecedentes más inmediatos del emoji contemporáneo llegaron ya en el siglo XX. El Sistema Isotype, desarrollado por Otto Neurath, los pictogramas creados por Otl Aicher para los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 y el popular Smiley diseñado por Harvey Ball en 1963 sentaron las bases del lenguaje gráfico actual.
Ese camino culminó en 1999 con los primeros emojis diseñados por Shigetaka Kurita, considerados el punto de partida de la comunicación visual digital tal y como hoy la conocemos.
El Día Mundial del Emoji recuerda una historia que comenzó hace miles de años
Coincidiendo con el Día Mundial del Emoji, esta interpretación desde la Historia del Arte invita a contemplar estos símbolos cotidianos desde una perspectiva mucho más amplia.
Como concluye el profesor Juan Manuel Martín García, «Son, en realidad, una nueva expresión de una necesidad muy antigua: comunicar mediante un lenguaje puramente visual».
Más que una creación exclusiva de internet, los emojis representan el último capítulo de una forma de comunicación que acompaña al ser humano desde la Prehistoria.












