La historia de los antiguos reinos de Granada y Murcia tras la Reconquista cristiana viene marcada por una gran familia. A la imagen de las grandes sagas castellanas y europeas, los Fajardo ostentaron el marquesado de Los Vélez, concedido en 1507 por los Reyes Católicos a Pedro Fajardo y Chacón.

Se encargaron de gestionar un territorio de unos 30.000 kilómetros cuadrados, en el que vivían cerca de 50.000 personas; y tejieron un entramado de poder con una política matrimonial activa, que nada tiene que envidiar a que llevaron a cabo los Borgia en Italia o la vista en Juego de Tronos.
En manos de los Fajardo, el marquesado de Los Vélez alcanzó puntos de esplendor materializados, por ejemplo, en el majestuoso Castillo de Vélez Blanco, una joya del Renacimiento, y la capilla dedicada a San Lucas en la Catedral de Murcia, una de las mayores muestras de poder de esta familia. Pero todo cambió a finales del siglo XVII.
El 2 de noviembre de 1693, los Fajardo sufrieron un fuerte golpe. Fernando Joaquín Fajardo, VI marqués de Los Vélez, murió si descendencia, un suceso que dio lugar a una etapa de la historia poco conocida, cuyo relato completa el investigador de la Universidad de Murcia, Francisco Precioso, gracias a un proyecto de investigación financiado por la Fundación Séneca.
Qué familia toma el relevo de los Fajardo y moderniza el marquesado de Los Vélez
«Tras la muerte del último Fajardo sin descendencia, el marquesado atraviesa una serie de periodos que van a desembocar en que el marquesado de Los Vélez pasa a manos del marqués de Villafranca. Se trata de un periodo histórico interesantísimo», afirma este investigador.
En el marquesado se produce un relevo en las familias, de manera que pasa de manos de los Fajardo a los Álvarez de Toledo. Un cambio, en opinión de Francisco Precioso, comparable al que se da en una gran empresa, cuando entra una dirección nueva.
El primer matrimonio entre ambas casas que da lugar a la nueva dinastía se da entre la propia María Teresa Fajardo, hermana de Fernando Joaquín, y el duque de Montalto. Años después, es la hija, Catalina de Moncada Aragón Fajardo la que se casa con el hijo del marqués de Villafranca, matrimonio que posiciona a Los Vélez con los Villafranca y consolida a los Álvarez de Toledo al frente del marquesado de Los Vélez.


Qué significó la llegada de la nueva familia al marquesado de Los Vélez
La llegada de los Álvarez de Toledo es mucho más que la entrada de una familia nueva, porque imprime un cambio en la gestión del territorio. Esta familia era nobleza cortesana, acostumbrada a tratar con el rey, con experiencia en la gestión de posesiones en Galicia, León y también en regiones de Italia.
«No se limitaron a heredar el marquesado simplemente, sino que introdujeron una serie de reformas. Por ejemplo, en 1753 y 1757, cambian la forma de recaudar impuestos heredada de los Fajardo, para hacerla mucho más ágil y eficiente», explica el investigador principal de este proyecto financiado por la Fundación Séneca.
Al frente del marquesado de Los Vélez, los Álvarez de Toledo se identificaron con la familia anterior y llevan a cabo obras importantes en los lugares de memoria de los Fajardo, como la reforma acometida en la capilla de San Lucas de la Catedral de Murcia, lugar de exaltación de los Fajardo.

Interés por conservar el legado de los Fajardo
Al reconstruir la historia de este periodo, a los investigadores les ha sorprendido el interés de los Álvarez de Toledo por conservar el legado de los Fajardo y darles cierta continuidad. Con esta estrategia, la nueva saga buscaba hacerse reconocible en un territorio que no sabía nada de ellos hasta su llegada. Era, dicho en términos actuales, una manera de mantener la potencia de la marca ‘Fajardo’, para ir introduciendo poco a poco la suya propia.
Resultado de esta política para darse a conocer son la Iglesia de la Encarnación, en el municipio almeriense de Vélez Rubio, una de las mayores joyas del barroco en esta provincia; obras de encauzamiento de aguas; y puesta en labor de nuevas tierras, entre otras muchas actuaciones, que no se limitaron a los grandes núcleos de población de este territorio, sino que llegaron a todos los puntos del marquesado.
También autorizaron la construcción de nuevos hornos, posadas, casas tercias y otras infraestructuras civiles, que contribuyeron a incrementar la renta y la calidad de vida de los vasallos y, de paso, la cantidad de impuestos recaudados en un territorio dedicado a la actividad agropecuaria.
Con el proyecto ‘De Fajardo a Toledo, el marquesado de los Vélez: relaciones familiares y dominio señorial en el sureste español (1693-1814)’ se arroja algo de luz a la etapa menos conocida del marquesado de los Vélez, y también revela una imagen poco conocida de la nobleza, que profesionaliza la gestión de su territorio y lo moderniza.












