La cueva de Prado Vargas, en la comarca burgalesa de Las Merindades, fue hace unos 46.000 años un gran campamento neandertal, ocupado de manera recurrente desde la primavera hasta finales del otoño y utilizado durante varias generaciones. Así lo confirman los resultados de la undécima campaña de excavaciones, en la que se han recuperado más de 1.500 restos de animales y herramientas de piedra.

El yacimiento, situado en Cornejo, dentro de la Merindad de Sotoscueva, forma parte del complejo kárstico de Ojo Guareña. Los trabajos arqueológicos están dirigidos por Marta Navazo, de la Universidad de Burgos; Alfonso Benito, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana; y Rodrigo Alonso, del Museo de la Evolución Humana.
En esta campaña ha participado una veintena de arqueólogos y estudiantes procedentes principalmente de las universidades de Burgos, Cantabria, Complutense y Austral de Chile, además del Museo de Historia Natural de este país.
Prado Vargas se convierte en uno de los grandes yacimientos neandertales en cueva
Los trabajos de este año se han desarrollado en la zona de entrada de la cavidad y han permitido ampliar la superficie excavada del nivel 4D, un estrato que conserva una importante ocupación neandertal datada en torno a los 46.000 años.
Después de once campañas de trabajo continuado en este nivel, el área excavada alcanza ya los 140 metros cuadrados, una extensión que convierte a Prado Vargas en uno de los yacimientos neandertales excavados en cueva más extensos del mundo.
Durante esta campaña se han intervenido otros 32 metros cuadrados del subnivel 4D. Los resultados vuelven a mostrar una intensa presencia de grupos neandertales en este espacio, especialmente durante los meses comprendidos entre la primavera y el otoño.
La acumulación de restos y herramientas permite interpretar el lugar como un gran campamento, en el que los neandertales desarrollaron distintas actividades durante periodos prolongados y a lo largo de varias generaciones.
Los restos de animales muestran cómo aprovechaban los recursos
Entre los más de 1.500 restos recuperados aparecen dientes y fragmentos de huesos de jabalí, caballo, bisonte, uro, gamo y ciervo.
Muchos de estos huesos presentan marcas de corte y estigmas de percusión, señales que permiten identificar actividades relacionadas con el procesamiento de los animales. Los restos evidencian trabajos de despiece y el aprovechamiento del tuétano contenido en los huesos largos.
Estos hallazgos aportan información sobre cómo los habitantes de Prado Vargas aprovechaban los animales que formaban parte de los recursos disponibles en su entorno.
Junto a los restos faunísticos también se han recuperado numerosas herramientas de piedra. El 95% fueron fabricadas en sílex, mientras que el 5% restante se elaboraron sobre cantos de cuarcita y cuarzo.
Entre las herramientas predominan las lascas con filo bruto, seguidas de raederas, muescas y denticulados.
Un centenar de retocadores óseos utilizados para fabricar herramientas
Uno de los elementos más destacados de Prado Vargas son los retocadores de hueso, cuyo número se ha elevado ya hasta aproximadamente un centenar al sumar los recuperados durante las distintas campañas.
Se trata de fragmentos de huesos largos de animales que los neandertales utilizaban para modificar los filos de sus herramientas de piedra.
La abundancia de estos objetos convierte a Prado Vargas en un lugar especialmente relevante para estudiar esta tradición tecnológica de los neandertales.
Su presencia, junto al conjunto de herramientas y restos de animales, permite reconstruir parte de las actividades que se desarrollaban en la cueva y refuerza la interpretación del nivel 4D como un espacio de ocupación de gran importancia.
En la cueva también vivieron los primeros Homo sapiens de la zona
La ocupación de Prado Vargas no se limita a los neandertales. La campaña también ha permitido finalizar la excavación de los subniveles más modernos del nivel 4, correspondientes al Paleolítico superior.
En esta zona se encuentra un hogar descubierto durante la campaña anterior y asociado a los primeros Homo sapiens que ocuparon esta zona del interior de la península ibérica. Su datación preliminar se sitúa en torno a los 35.000 años.
El estudio de los materiales recuperados permitirá conocer mejor cómo los primeros representantes de nuestra especie ocuparon el karst de Ojo Guareña y cómo gestionaron este territorio situado junto al río Trema.
Los restos de esta cronología confirman además que la historia de ocupación de Prado Vargas continuó después de la presencia neandertal. Cuando estos grupos desaparecieron, los Homo sapiens también se asentaron en Ojo Guareña como parte de su expansión por el continente euroasiático.
Medio centenar de personas participa en el estudio de los restos arqueológicos
La investigación del yacimiento se ha complementado este verano con actividades de divulgación y participación ciudadana.
Entre el 10 y el 14 de agosto, medio centenar de niños, jóvenes y adultos participaron en un programa de lavado de sedimentos arqueológicos procedentes del nivel 4. La actividad se desarrolló en el río Trema, en colaboración con Ráspano Ecoturismo y la Casa del Parque del Monumento Natural de Ojo Guareña.
Los participantes trabajaron con media tonelada de sedimentos mediante labores de lavado, tamizado y cribado. Entre los materiales recuperados aparecieron restos de micromamíferos, como topillos y otros roedores.
El estudio de estos pequeños restos permitirá obtener información sobre cómo era el clima de Ojo Guareña durante el Pleistoceno superior.
La campaña también incluyó una jornada de puertas abiertas celebrada el 22 de agosto, a la que asistieron 72 vecinos y personas que pasan el verano en la comarca de Las Merindades. Los codirectores de las excavaciones participaron además en el XXXVI Ciclo de conferencias de Prehistoria de Puente Viesgo, donde presentaron los últimos descubrimientos del yacimiento.
La investigación de Prado Vargas cuenta con el apoyo de distintas instituciones y entidades locales y provinciales, entre ellas la Diputación Provincial de Burgos, el Ayuntamiento de la Merindad de Sotoscueva, la Junta de Castilla y León, la Fundación Palarq, las localidades de Cornejo y Quisicedo y la Casa del Parque del Monumento Natural de Ojo Guareña, además de asociaciones y vecinos de la zona.












