La arteterapia es una de las tendencias más novedosas de apoyo a la medicina, sin embargo, esta fórmula no es nada nueva. Así lo afirma un equipo de investigación de la Universidad de Granada, en la que se ha descubierto de las pinturas barrocas del Hospital y Basílica de San Juan de Dios fueron concebidas originalmente con un fin terapéutico.

La investigación, realizada por el profesor José Antonio Díaz Gómez, del Departamento de Historia del Arte, desvela que el centenar de jeroglíficos, escenas mitológicas e incluso representaciones eróticas que decoran el recinto forman parte de un sofisticado programa visual cuyo objetivo era complementar las prácticas de cuidado de la Orden Hospitalaria durante el siglo XVIII, cambiando así las teorías formuladas hasta la fecha, que limitaban su función al mero adoctrinamiento religioso.
El trabajo ha sido galardonado con el II Premio Hábitat Barroco, concedido por la Orden de Caballeros del Santo Sepulcro y Real Basílica de San Juan de Dios y dotado con 3.000 euros.
Claves olvidadas durante siglos
El estudio, que ha dado lugar a una publicación titulada Caprichos barrocos que curan el ánimo: juegos pictóricos en el Hospital y Basílica de San Juan de Dios de Granada editada por Comares, es fruto de una exhaustiva investigación que ha logrado documentar las fuentes visuales en las que se inspiró el programa artístico del recinto.
Según explica el profesor Díaz Gómez, el análisis de estos referentes ha permitido desvelar por primera vez el significado original de los numerosos jeroglíficos y escenas de temática profana que adornan el conjunto hospitalario, un sentido que había permanecido olvidado durante más de trescientos años.
El trabajo plantea que, lejos de ser meramente decorativos o de servir exclusivamente a la doctrina religiosa, estos elementos pictóricos estaban integrados en la propia dinámica asistencial de la orden hospitalaria. La contemplación de estas imágenes, cargadas de simbolismo y retórica ilusionista, buscaba actuar como un estímulo positivo para levantar el ánimo de los pacientes, sirviendo como un bálsamo visual en un entorno de sufrimiento y enfermedad.
Este enfoque supone un cambio radical respecto a las interpretaciones predominantes hasta la fecha, que no habían considerado esta dimensión curativa del arte en contextos asistenciales.












