Arquitectos e ingenieros de la Universidad Católica de Murcia (UCAM) viajarán a finales de julio a las zonas más afectadas por los terremotos de Venezuela para comprobar la seguridad de edificios esenciales como hospitales y escuelas y contribuir a garantizar el acceso al agua potable en los campamentos de refugiados. La misión servirá además para poner en marcha un grupo permanente de evaluación estructural ante terremotos que reforzará la preparación frente al riesgo sísmico en el sureste español.

La respuesta a una catástrofe no termina con el rescate de las víctimas. Una vez superadas las primeras horas de emergencia, comienza una fase igual de decisiva: determinar qué edificios siguen siendo seguros, cuáles necesitan ser apuntalados y cómo garantizar el acceso a recursos básicos como el agua potable. Ese será el objetivo de la misión que la Universidad Católica de Murcia (UCAM) y la ONG Bomberos por Bomberos desplegarán en las zonas afectadas por los recientes terremotos de Venezuela.
El primer equipo partirá el 30 de julio y permanecerá sobre el terreno hasta el 10 de agosto. Durante esos días instalará una planta compacta de potabilización con capacidad para tratar 3.000 litros de agua por hora, destinada a abastecer los campamentos de personas desplazadas por el seísmo.
Evaluar la seguridad de hospitales y colegios tras el terremoto
Junto a la ayuda humanitaria, la misión tendrá un importante componente técnico. Arquitectos e ingenieros de la Escuela Politécnica Superior de la UCAM realizarán diagnósticos estructurales en edificios prioritarios situados en el entorno de la Zona 0, especialmente centros sanitarios y escuelas, con el fin de determinar su estado y planificar las actuaciones de estabilización y apuntalamiento que sean necesarias.
Estas inspecciones permitirán identificar los inmuebles que pueden seguir utilizándose con seguridad y aquellos que requieren una intervención urgente para evitar nuevos riesgos para la población.
Agua potable, una prioridad tras un gran seísmo
El acceso al agua es uno de los principales problemas tras un terremoto de gran magnitud, ya que las infraestructuras de abastecimiento suelen quedar gravemente dañadas.
El presidente de Bomberos por Bomberos, César Javier Claros, explica que «cuando ocurre un seísmo de estas características, se rompen tuberías y desagües. Ante esa falta de abastecimiento, una planta potabilizadora permite dar este bien tan necesario a la población».
La instalación de esta planta permitirá suministrar agua potable de forma inmediata a los campamentos de refugiados mientras se recuperan las redes de distribución.

La experiencia dará lugar a un grupo permanente de evaluación sísmica
La intervención en Venezuela tendrá continuidad una vez finalice la misión. El convenio firmado entre la UCAM y la ONG contempla la creación de un grupo permanente de evaluación estructural ante terremotos, con sede en la universidad.
El objetivo será reunir a especialistas en ingeniería y arquitectura junto a profesionales de los servicios de emergencia para actuar con rapidez en futuras catástrofes y mejorar la preparación frente al riesgo sísmico.
Según explica el decano de la Escuela Politécnica Superior de la UCAM, Juan Roldán, la iniciativa nace a partir de la experiencia acumulada en emergencias como los terremotos de Haití (2010) y Lorca (2011), «fusionando el conocimiento teórico y conceptual de la ingeniería con la operatividad dinámica, activa y eficaz que tiene un grupo de bomberos».
Un equipo para mejorar la prevención sísmica en el Mediterráneo
Además de intervenir en situaciones de emergencia, el nuevo grupo desarrollará labores de análisis y formación sobre el comportamiento de las estructuras frente a los terremotos.
Su actividad se centrará especialmente en áreas del arco mediterráneo con mayor actividad geológica, como Murcia, Alicante, Almería, Granada y Málaga, donde trabajará en la evaluación del riesgo sísmico y en la formación de los futuros ingenieros especializados en este ámbito.
Con esta iniciativa, la Universidad Católica de Murcia pretende convertir la experiencia adquirida en el terreno en conocimiento científico y técnico que contribuya a mejorar tanto la respuesta ante futuras emergencias como la prevención de los daños que provocan los terremotos.












