Escarabajo del estiércol, un aliado contra el cambio climático amenazado por un fármaco de ganadería

Los escarabajos del estiércol, también conocidos como peloteros, son mucho más que un elemento curioso de la naturaleza: son piezas fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas y para la reducción de gases de efecto invernadero. Estos coleópteros se encargan de descomponer los excrementos de los mamíferos y transformarlos en nutrientes que enriquecen el suelo, favoreciendo la biodiversidad y la fertilidad de los pastizales.

Grupo de escarabajos del estiércol en una boñiga de vaca.

Durante este proceso, contribuyen a disminuir la liberación de metano y dióxido de carbono, dos gases directamente implicados en el cambio climático. Al enterrar y fragmentar el estiércol, aceleran su descomposición y evitan la creación de condiciones anaerobias, responsables de una mayor producción de metano.

Sin embargo, este mecanismo natural, esencial para la ganadería sostenible, está empezando a fallar.

La ivermectina, el antiparasitario que altera la cadena ecológica

Un grupo de investigadores del Centro Iberoamericano de la Biodiversidad (CIBIO) de la Universidad de Alicante ha identificado a la ivermectina, el antiparasitario más utilizado en el ganado, como uno de los principales responsables de este problema.

Este fármaco, aunque muy eficaz para eliminar parásitos internos y externos, tiene un impacto indirecto pero profundo en el medio ambiente. Se excreta casi sin metabolizar y permanece activo en el estiércol durante días o semanas, lo que afecta directamente a los insectos que dependen de él, especialmente a los escarabajos coprófagos.

La consecuencia es clara: al reducirse las poblaciones de estos insectos, disminuye su capacidad para reciclar el estiércol y, con ello, aumenta la emisión de gases contaminantes.

Un experimento en Doñana confirma el aumento de emisiones

Para comprobar este efecto, los investigadores llevaron a cabo un experimento en dos fincas ganaderas del Espacio Natural de Doñana, en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad de Granada. En estas zonas, que diferían en el uso de ivermectina, colocaron más de 250 boñigas artificiales, algunas tratadas con el fármaco y otras no.

Durante 48 horas midieron las emisiones de gases y analizaron la evolución del estiércol. Los resultados fueron contundentes: en ausencia de escarabajos, las emisiones se disparaban. El metano aumentó hasta 2,5 veces, mientras que el dióxido de carbono llegó a duplicarse en las primeras horas.

Los científicos concluyen que las emisiones de gases de efecto invernadero “al menos se duplican” cuando desaparecen estos insectos, lo que evidencia su papel clave en la regulación climática.

“Nuestros resultados muestran que las emisiones de gases de efecto invernadero al menos se duplican en ausencia de escarabajos coprófagos”, aclara el investigador de la UA, José Ramón Verdú.

Cómo afecta la ivermectina a los escarabajos y a la cadena trófica

El impacto de la ivermectina no se limita a reducir la presencia de escarabajos. Este compuesto se bioacumula en su organismo, pasando rápidamente del intestino a la hemolinfa, lo que provoca efectos tóxicos que afectan a su movilidad y capacidad sensorial.

Además, estos efectos se trasladan a otros animales que se alimentan de ellos, como aves insectívoras y pequeños mamíferos. De este modo, el uso continuado de este antiparasitario genera un efecto en cascada que altera toda la cadena trófica y compromete la biodiversidad.

Microbiota del estiércol y producción de metano

Escarabajos del estiércol, también conocidos como peloteros.

El estudio también profundizó en la microbiota del estiércol mediante técnicas de secuenciación genética. Los investigadores observaron que, tras la deposición, predominan bacterias anaerobias procedentes del intestino del ganado, que con el paso del tiempo son sustituidas por bacterias del suelo, más adaptadas a condiciones aerobias.

Como explica el equipo de la UA, “el tiempo es el factor más importante que explica los cambios en la microbiota del estiércol”.

Este proceso natural se ve ligeramente alterado por la presencia de ivermectina, que favorece temporalmente microorganismos metanogénicos, responsables de la producción de metano. Aunque el efecto directo es sutil, contribuye a reforzar el problema en combinación con la ausencia de escarabajos.

En este sentido, los investigadores advierten de que “observamos que la ivermectina puede favorecer temporalmente ciertos taxones anaerobios y metanogénicos”, lo que contribuye a aumentar la producción de metano.

Consecuencias para la ganadería y el medio ambiente

La desaparición de los escarabajos del estiércol tiene consecuencias que van más allá de los insectos. El estiércol permanece más tiempo en la superficie, se ralentiza el reciclaje de nutrientes y aumentan las condiciones que favorecen la emisión de gases contaminantes.

Todo ello afecta a la fertilidad del suelo, reduce la biodiversidad y pone en riesgo la sostenibilidad de los sistemas ganaderos. En última instancia, el problema repercute también en la productividad agrícola y en la salud de los ecosistemas.

Alternativas sostenibles: hacia una ganadería más respetuosa

Ante esta situación, los investigadores plantean la necesidad de cambiar el enfoque en el uso de antiparasitarios. Una de las alternativas más prometedoras es el timol, un compuesto de origen vegetal que ha demostrado eficacia antiparasitaria sin efectos negativos sobre los escarabajos.

Reducir el uso sistemático de ivermectina y apostar por soluciones más respetuosas con el medio ambiente será clave para preservar estos procesos naturales.

José Ramón Verdú, investigador de la UA.

Proteger a los escarabajos para frenar el cambio climático

Los expertos advierten del riesgo de estas prácticas. “Estamos introduciendo compuestos bioactivos en los ecosistemas sin comprender del todo sus efectos en cascada”, señalan, en referencia al impacto que estos tratamientos pueden tener sobre el suelo, la biodiversidad y el clima.

Proteger a estos insectos significa mantener activo un sistema natural que ayuda a controlar las emisiones, mejorar el suelo y sostener la ganadería sostenible. En un contexto de crisis climática, su papel resulta más importante que nunca.