La discriminación sí entiende de política

La discriminación sí entiende de política

Gráfico que representa la actual discriminación política

La Universidad de Málaga lidera una investigación en la que se comprueba que existe una discriminación política y que es más sencillo entablar amistad con personas del mismo color político.

Si preguntamos a un grupo de españoles si se consideran racistas, lo más seguro es que respondan que no. Lo mismo, si por lo que se les cuestiona es por la homofobia.

Y están en lo cierto, ya que nuestro país es uno de los más abiertos de la Unión Europea, y el surgimiento de la extrema derecha puede identificarse como fruto del descontento ante los partidos tradicionales, más que como un movimiento contra colectivos minoritarios.

Discriminación política, existe pero pocos la ven

Sin embargo, si la pregunta es cuántos amigos de ideología política diferente o contraria tienen, empieza a surgir una realidad que estaba tapada, y a la que no se le estaba haciendo mucho caso.

Es ahora, con lo que los analistas llaman el fin del bipartidismo y la necesidad de pactar entre partidos de ideología diferente, cuando sale a la luz de manera estrepitosa esa forma de ser tan española, esta discriminación política, que nos aleja de coaliciones como las de países del centro y norte de Europa, y nos permite ver los desencuentros continuos entre partidos políticos con mucho en común, pero que se aferran a las diferencias para no alcanzar un acuerdo.

Partidismo político, mayor que otras formas de discriminación

En las sociedades modernas y democráticas, paradójicamente, se generan una serie de discriminaciones radicadas en el partidismo político, que influyen en nuestra forma de relacionarnos con los demás, hasta el punto de que la mayoría de españoles prefiere no relacionarse con quien tiene ideologías políticas distintas, según se desprende en un estudio liderado por la Universidad de Málaga.

Además, este trabajo ha constatado que la exclusión basada en simpatías políticas es mayor que la de otras formas de discriminación.

La investigación ha sido realizada por Hugo Viciana, de la Universidad de Málaga; Antonio Gaitán Torres, de la Carlos III de Madrid; e Ivar Rodríguez Hannikaines, de la Pontificia de Río de Janeiro, y ha sido publicada en la prestigiosa revista PLOS ONE.

Discriminación política comparable al racismo

En ella se ha estudiado el fenómeno del partidismo cotidiano como forma de discriminación comparable a otras como el racismo y el sexismo. Los investigadores partieron de la base de que las creencias morales cotidianas son empleadas para delimitar cuál es el grupo al que pertenecemos y con qué individuos nos queremos juntar.

“Nos preguntábamos acerca del influjo que tendría el modo de percibir los desacuerdos morales en el fenómeno del prejuicio partidista cotidiano, el discriminar a otros basándose en sus simpatías política”, explica Hugo Viciana.

Ha sido una manera de comprobar científicamente que nos sentimos más cómodos con aquellas personas con las que compartimos ideario. Y también, cómo la sociedad actual se mueve por movimientos ‘tribales’, ya sean éstos basados en una estética o en una manera de pensar determinada.

Hugo Viciana, Antonio Gaitán e Ivar Rodríguez, autores del estudio sobre discriminación política

Una realidad que todos sospechaban

Los resultados de este estudio no sorprenden, porque, de una manera o de otra, es algo en lo que caemos casi todos, pero que ahora se ha comprobado de manera exhaustiva.

“En España la mayoría de las personas discriminan frente a otras que tienen simpatías políticas distintas y, una proporción sustancial de esta población, se declara, incluso, hostil hacia aquellos que tienen simpatías políticas contrarias”, dice Viciana.

Y la discriminación es todavía mayor en personas con posicionamientos ideológicos más extremos, que suelen rechazar en mayor medida a quienes tienen simpatías políticas diferentes.

Según sostiene el investigador de la Universidad de Málaga, “la gente no tiene conciencia de los efectos de esta discriminación”, de la misma manera que tampoco hay normas que sancionen esta conducta, factores que contribuyen a que se mantenga esta actitud de rechazo a quien piensa diferente.

Futbolización de la política

El investigador de la Universidad de Málaga compara el partidismo con lo que sucede en el fútbol, hasta el punto de que los ciudadanos se identifican con su partido político como lo hacen con los colores de su equipo.

“De modo interesante, no es solo la confrontación moral-ideológica, sino también la mera identificación con las siglas de los partidos (un poco como si de clubes deportivos se tratase, como el Real Madrid o el Barcelona) la que explica el prejuicio partidista, el no querer tener cerca a los que simpatizan con otros partidos políticos”.

Esta investigación da clave para explicar los elementos que influyen en la formación de los grupos homogéneos, formados en la mayoría de casos de manera tribalista, y donde este tipo de discriminación funciona para delimitar qué personas se quedan fuera.

Y tiene mucho sentido en el momento actual, porque “los ciclos electorales suelen aumentar ciertos tipos de polarización, incluyendo un tipo de polarización afectiva que es muy cercana a la que capta nuestro trabajo”.

Conclusiones a partir de una encuesta

Esta investigación sobre discriminación política se ha apoyado en una encuesta realizada en España entre el 23 de octubre y el 13 de noviembre de 2018 a través del panel online IMOP, que previamente había reclutado a los participantes por vía telefónica a través de muestreo probabilístico. Y se contó con las respuestas de 1.055 personas.

Se les preguntó sobre cuánto se identificaban con los partidos políticos, por diferentes asuntos de la agenda pública, la desigualdad, el respeto a los símbolos nacionales y por los derechos de las personas inmigrantes.

Las cuestiones que dieron las claves para el desarrollo de esta investigación estaban relacionadas con cuál era el nivel de agrado al tener a personas con ideas políticas más o menos afines como vecinos, profesores de sus hijos, como esposo de un familiar o como jefe en el trabajo.

«Absolutismo moral»

Tras el estudio de las respuestas, los investigadores han hallado lo que han denominado como “absolutismo moral”, que es más fuerte a medida que se extreman las opiniones, y que se traduce en que una parte importante de la población asuma que en materia de desacuerdos morales o políticos, solamente una de las partes puede tener razón.

En este sentido, la opinión de la ciudadanía es un reflejo de lo que se ve en la escena política: partidos incapaces de llegar a un acuerdo, aunque sea de mínimos; propuestas vapuleadas por el partido contrario de manera sistemática; o la negación de aceptar que otros partidos han realizado bien su trabajo, aunque sea en parcelas pequeñas.

Aquí cabría otra pregunta. Y es si la ciudadanía tiene esa posición por la influencia del espectáculo político, o que realmente la política es de esa forma en España, porque los representantes de los ciudadanos también cuentan con ese sesgo. “La llamada ‘dialéctica del amigo o enemigo’ llena los discursos políticos y es probable que eso permee a la ciudadanía”, asegura Viciana.

Posiciones asumidas

En cualquier caso, estos investigadores han demostrado que muchos de esos planteamientos vienen de posiciones asumidas, que no han sido sometidas a revisión y que desembocan en estereotipos.

Por ejemplo, explica Hugo Viciana, que “en aquellos temas que son más centrales para los simpatizantes de algunos partidos, como por ejemplo la desigualdad o la lealtad al país, la distorsión entre la percepción de las diferencias morales se amplifica más: los simpatizantes de izquierdas perciben que los simpatizantes de derechas son menos sensibles al tema de la desigualdad de lo que realmente son; y los simpatizantes de derechas se imaginan que los simpatizantes de izquierdas son menos sensibles al tema de la lealtad al país de lo que realmente son”.

Es decir, en la discriminación política se produce una desconexión entre cómo se perciben los desacuerdos por simpatías políticas distintas y la realidad de esas diferencias.

Este estudio retrata a la sociedad española y su escasa disposición a pactar. Lejos de realidades como la alemana, acostumbrada a coaliciones entre partidos muy diferentes entre sí, en España todavía sigue la conciencia del ‘o conmigo o contra mí’, algo que se ha podido ver estos meses, tras los resultados de elecciones locales, autonómicas y nacionales, en los que los políticos han quedado retratados como máximos representantes del absolutismo moral del que hablan los investigadores.

Esta idiosincrasia puede ser resultado de la polarización política a la que se han llegado en los últimos años, pero en nada casa con parlamentos en los que hay hasta cinco fuerzas políticas diferentes, obligadas a alcanzar acuerdos.

En España todavía sigue la conciencia del ‘o conmigo o contra mí’, algo que se ha podido ver estos meses en el absolutismo de algunos discursos políticos para justificar el no pactar entre formaciones políticas. Ya saben, esto es España, el país de los 40 millones de seleccionadores de fútbol y en el que el deporte nacional, sin ningún tipo de duda, es llevar la razón.

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