Opinión: La cooperación como respuesta a la crisis sanitaria global

Opinión: La cooperación como respuesta a la crisis sanitaria global

Fernando Casas Mínguez

En nuestro mundo globalizado la incertidumbre es la norma y tenemos que estar dispuestos a esperar lo inesperado. El coronavirus es nuestra incertidumbre más apremiante: estamos ante una emergencia sanitaria internacional que no habíamos previsto. La directora del FMI  Kristalina Georgieva en la reunión de ministros de finanzas del G20 en Riad señalaba que el coronavirus ha interrumpido la actividad económica en China y pone en peligro la recuperación de la economía mundial. 

El coronavirus no es un problema chino, ni se utiliza, como se ha llegado a decir, para derrotar a Trump. La crisis del coronavirus es un problema que sacude el mundo globalizado y se extiende por  caminos diversos: la producción, los mercados, los medios de comunicación, la migración, el turismo. El coronavirus se ha propagado a más de sesenta países y ocasionado el desplome de las bolsas de todo el mundo. 

Vivimos en una situación de interdependencia global de la que no podemos escapar; la vida y sus riesgos forman parte de un acontecer global. Para entender este mundo globalizado, sus riesgos y crisis, nuestro enfoque tiene que ir más allá de las fronteras del estado nacional.

Los  riesgos globales imprevistos, no son deseados ni elegidos y se caracterizan por varios rasgos. En primer lugar su deslocalización, sus causas y consecuencias no se limitan a un lugar o espacio geográfico, en principio son omnipresentes. Como la epidemia del coronavirus está mostrando, los nuevos riesgos no respetan naciones, estados, ni  fronteras. 

En  segundo término su incalculabilidad, ya que se trata de riesgos que se basan en el no-conocimiento, relacionados con la limitación de la ciencia, de ahí que sus consecuencias son en principio incalculables. A causa de esta crisis sanitaria, no hay datos sólidos en los que basarse y, según los expertos, la economía camina a ciegas. Lo que pueda suceder es un enigma y, como está mostrando el coronavirus, el escenario puede cambiar rápidamente. 

En este contexto de incertidumbre la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pasado de pensar en que los casos en China parecían contenerse y en el resto del mundo los contagios eran escasísimos,  a hablar de brotes descontrolados en Italia, Corea del Sur, Irán y de su propagación global. Buena muestra del desconocimiento que padecemos son las palabras del director general de emergencias de la OMS:  “No podemos saber qué va a pasar, si se va a atajar, a convertirse en una enfermedad estacional o en una pandemia global en toda regla».

Ante esta emergencia sanitaria internacional hay que evitar caer en soluciones limitadas a los estados nacionales; porque las respuestas deben ir más allá de la fronteras del estado nacional. Asimismo, debemos evitar ofrecer respuestas basadas en el pensamiento mágico que nos presenta la crisis sanitaria como una fatalidad. En vez de sembrar pánico y difundir la cultura de la fatalidad se trataría de ofrecer una información cabal, incentivar la responsabilidad de la ciudadanía y desarrollar los medios más apropiados para crear una sociedad segura, en el marco de un sistema de responsabilidad colectiva a escala global.

Por lo tanto, las respuestas ante la crisis del coronavirus deben ir más allá de las fronteras del estado y estar construidas sobre la confianza, la responsabilidad y la cooperación. La cuestión que nos debemos plantear es la elaboración de acuerdos institucionales de cooperación, para resolver de manera conjunta los problemas globales, contemplando la distribución de beneficios y riesgos, para que su impacto entre los grupos sociales no sea gravemente  desigual. 

Fernando Casas Mínguez. Profesor de Ciencia Política y de la Administración. Universidad de Castilla-La Mancha

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