El misterio del origen del oro

El misterio del origen del oro

Invesigadores del origen del oro

Invesigadores del origen del oro

Un equipo internacional de científicos ha desvelado de donde procede del oro. La respuesta está en el manto de la tierra. La Universidad de Granada ha contribuido a este singular hallazgo científico.

La Universidad de Granada participa en el hallazgo del primer registro de oro encontrado bajo Sudamérica, en la Patagonia argentina, a 70 kilómetros de profundidad. Nunca un pequeño hilo de oro, del grosor de un cabello ha significado tanto.

La revista Nature Communications  ya se ha hecho eco de este descubrimiento. Determina que este metal precioso viajó a la superficie de la Tierra procedente de las partes más profundas del planeta debido a erupciones volcánicas. De esta manera, ya se sabe cual es su origen. Un misterio que ha intrigado a la Humanidad desde la Prehistoria.

Y la respuesta está en la Patagonia Argentina, donde se han encontrado las evidencias de este largo proceso, donde los movimientos internos de las placas tectónicas de la Tierra son fundamentales.

Investigación internacional sobre el origen del oro

Los científicos pertenecen a diferentes universidades de Chile, Argentina, Australia y Francia, y entre ellos se encuentra también José María Gonzalez Jimenez, investigador Ramón y Cajal del departamento de Mineralogía y Petrología de la Universidad de Granada.

El viaje del oro

El científico de la UGR recuerda que el interior de la Tierra se divide en tres grandes capas: corteza, manto y núcleo. “En la corteza, se encuentran los minerales que extraemos y que sustentan nuestra economía. Y si bien somos expertos explotándolos, aún sabemos poco sobre su verdadero origen. La búsqueda de oro ha motivado migraciones, expediciones e incluso guerras, pero su origen supone una de las preguntas principales en el campo de la génesis de los depósitos minerales”.

El manto es la capa del planeta que separa al núcleo de la corteza donde vivimos, y este límite ocurre a una profundidad que va desde los 17 kilómetros bajo los océanos y desde los 70 kilómetros bajo los continentes. “Esta es una distancia inaccesible aún para el hombre, ya que no tenemos la capacidad de llegar de manera directa hasta el manto para conocerlo mejor”, apunta el investigador de la UGR.

No obstante, el manto sí puede llegar hasta nuestras manos gracias a erupciones volcánicas que arrastran pequeños fragmentos o “xenolitos” del manto bajo los continentes hasta la superficie.

Estudio en el Macizo del Deseado

Hallazgo del oro

El estudio se ha centrado en la zona del Macizo del Deseado en la Patagonia Argentina, una de las mayores regiones auríferas que se conocen en el planeta, cuyas minas de oro están aún en explotación con una alta concentración de oro.

La hipótesis del equipo de investigación es que el manto bajo esa provincia tiene una singularidad, una predisposición a generar yacimientos de oro en superficie, debido a su historia.

“Esta historia se remonta a hace aproximadamente 200 millones de años, cuando Sudamérica y África formaban un solo continente -señala González Jiménez-. Su separación, entre otros factores, se debió a un ascenso del manto profundo o “pluma mantélica”, la cual rompió la corteza mucho más frágil y delgada, generando la separación de los continentes”,  explica este científico.

Y añade que el ascenso de esta pluma mantélica profunda generó una verdadera fábrica química que enriqueció de metales el manto, generando las condiciones para que más tarde, en un nuevo movimiento, esta vez de una capa tectónica bajo otra, esta zona enriquecida sea la fábrica generadora de yacimientos de oro, gracias a la circulación de fluidos ricos en metales a través de fracturas, que precipitan y concentran los metales cerca de la superficie terrestre.

Nuevas pistas sobre el oro

El descubrimiento de este equipo científico arroja nuevas pistas sobre la formación de yacimientos minerales que, generalmente, se atribuyen a un origen en la misma corteza, sin considerar el papel de una raíz más profunda desde el manto.

Esta nueva evidencia científica podría aportar a una exploración más sofisticada de yacimientos que considere no solo imágenes superficiales o “radiografías” de la corteza para su búsqueda, sino que también indague en las profundidades del manto, hasta donde podría trazarse el origen de la existencia de uno de los metales que más ha encandilado a nuestra especie.

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